15 de septiembre de 2017

EL REY HA HABLADO





Hubo otra ocasión en la que ante un problema grave otro rey también habló y lo hizo para acabar con un proceso golpista. Se dirigió a todos a través de la televisión y muy especialmente, en su calidad de mando supremo de la Fuerzas Armadas, a los militares protagonistas del intento de golpe de estado. A partir de ese momento la intentona golpista fracasó, fuesen quienes fuesen sus organizadores y simpatizantes. Esta semana otro rey ha hablado en relación con otro problema grave que afecta a todos los españoles y muy especialmente a los catalanes. El problema actual se centra en la prohibición a los catalanes de decidir sobre cual ha de ser su futuro, de decidir sobre su relación futura con el resto del denominado Estado Español. En esta ocasión el rey lejos de solucionar el problema lo ha agravado. 

Su discurso ha sido una mera repetición de lo dictado por el Partido Popular, es decir: Constitución inviolable e irreformable en lo relativo a la unidad de España, Estado de Derecho, etc.... Un discurso que avala la posición del Gobierno en cuanto a impedir, por todos los medios, que en Cataluña se celebre una consulta democrática a sus habitantes, sea cual sea su finalidad. Yo me pregunto: ¿De verdad piensa el rey que sus opiniones le importan lo más mínimo a un pueblo que está pidiendo a gritos ser una República? ¿No se ha dado cuenta el Rey de que con su intervención ha aumentado exponencialmente el número de independentistas catalanes, agravando si cabe el problema, al mismo tiempo que ha reafirmado la voluntad separatista de los que ya lo eran?

No nos engañemos, el rey hace lo que le mandan hacer. Todo los actos que lleva a cabo han de estar refrendados por el Presidente del Gobierno o Ministros competentes (Art.64 de la CE-78). ¿Es esto un Jefe de Estado? 

Si comparamos las funciones que el Rey-Jefe del Estado tiene encomendadas con las que el Presidente de la República - Jefe del Estado tenía encomendadas desde 1931 entenderíamos muchas cosas, entre otras la absoluta inutilidad de nuestra monarquía. 

Para qué seguir. 


Salud y República.




Benito Sacaluga