28 de diciembre de 2016

CARLOS ARIAS NAVARRO, "EL CARNICERITO DE MÁLAGA"





Carlos Arias Navarro
(1) Nacido en Madrid el 11 de diciembre de 1908, fue estudiante en las Escuelas Pías de la capital; ejerció como abogado y notario, logrando el doctorado por la Universidad Central de Madrid. Trabajó en la Dirección General de Registros y Notarias, siendo su jefe D. Manuel Azaña (el cual le tenía gran aprecio y consideración, paradojas de la vida). Consigue por concurso público el cargo de fiscal y es destinado a Málaga  en 1933 cuando ya estaba proclamada la República en España.

Para Arias Navarro, estos años de estancia en la ciudad andaluza habían sido muy complicados. El joven fiscal ya se había caracterizado por su carácter recio y autoritario, apenas salía y solamente se dedicaba a su trabajo y a su fervor religioso.

Tres años llevaba en su lugar de trabajo, cuando aquel 18 de julio, sus correligionarios se sublevaron en armas contra la República. Debido a sus ideas y a su afinidad con los sublevados, fue sustituido del cargo de fiscal. Para evitar su detención y poniendo en marcha su avispado cerebro, pensó que para seguir manteniéndose en territorio hostil, la mejor manera era la de unirse al enemigo.

Para ello y anteponiendo su odio visceral a otras corrientes ideológicas que no fueran las que él consideraba puras, meditó que la forma más segura de subsistir en zona roja era teñiéndose con disfraz de anarquista. Con su falsa mascara, en los días siguientes a aquel fatídico 18 de julio, se hizo ver en varias ocasiones, acompañando a patrullas anarquistas de orden público, fingiendo ser un miembro más de ellas. (Declaraciones de D. Cristobal Criado Moreno, ("El PCE que viví en Málaga". Artigraf. p.91) y Documental "A sangre y fuego; Málaga 1936", de Antonio David Bravo Carrasco, Fco.Javier Sánche García, Ezequiel Caldas y J.A.S Martín).

Además Arias Navarro se había ganado la amistad de bastantes personas de influencia entre partidos y sindicatos, entre ellas la de un camarero que pertenecía a la CNT y que tenía gran reputación dentro de la Federación. Otro de los amigos de Arias Navarro, era un miembro anarquista componente de una de las patrullas que actuaron al inicio de la Guerra: el cenetista Juan Castro, al que acompañó Arias Navarro varios días en las salidas encubiertas que realizaba el joven fiscal disfrazado como uno m´s de sus miembros. Con esta simulación y disfraz de anarquista, se dedicaba a realizar periódicamente transmisiones de radio a sus compañeros en Sevilla, estos informaban personalmente a Queipo de Llano de los acontecimientos en la ciudad, la actividad portuaria y objetivos para ser bombardeados, por lo que el general sabía de muchos de los movimientos que se desarrollaban en Málaga (Documental "A sangre y fuego", declaraciones de D. Cristobal Criado Moreno). 

A Carlos Arias Navarro le acompañaba la fortuna. Cuando se vio en peligro, le pidió ayuda a su amigo republicano, el presidente de la Audiencia de Málaga D. Atilano Lorente González, que lo mantuvo escondido en una pensión situada en el centro de la capital, hasta que el 23 de octubre y a consecuencia del bombardeo que destruyó varios edificios, entre ellos los famosos Almacenes Masó, tuvo que salir por temor al derrumbe del edificio donde se encontraba, ya en la calle, tuvo la fatalidad de ser reconocido por un grupo de milicianos de la FAI. En esta ocasión también logró huir y D. Atilano, para mantenerlo alejado de la situación bélica de la ciudad, le buscó refugio por medio del juez D. Felipe Varea Viniegra, éste le ofreció alojamiento en el municipio de Pizarra, en casa de su hijo D. Pelayo Varea Rodríguez, que ocupaba el cargo de secretario municipal en este pueblo de la comarca del Guadalhorce.

En diciembre de 1936 Arias Navarro fue descubierto; detenido por un grupo de milicias es conducido a Málaga, en el viaje hasta la capital le acompañaba Pelayo Varea para evitar, según Arias Navarro, que fuese asesinado en el camino por los anarquistas (Archivo Juzgado Togado Militar Málaga, carpeta 626, Procedimiento sumarísimo de urgencia 24/1937 y declaración de Arias Navarro en la Causa General de Málaga) .

En su breve estancia en prisión es conocido por su amigo el camarero anarquista, el cual intercede por él y es puesto en libertad. Entonces Arias Navarro desaparece del panorama de la ciudad hasta febrero de 1937.

Cuando Málaga fue ocupada, el anarquista Juan Castro fue detenido por las tropas franquistas. El cenetista se quedó estupefacto al ver a su amigo y compañero de patrulla anarquista ocupando el cargo de capitán honorario adscrito al cuerpo jurídico militar del ejercito franquista, firmando innumerables sentencias de muerte (Cristobal Criado Moreno. "El PCE que viví en Málaga" Artigraf.p.91) .El acompañante salvador de Arias Navarro desde Pizarra hasta Málaga también fue detenido, nadie intercedió por él. D. Pelayo Varea Rodriguez fue condenado a pena de muerte, notificándosele la sentencia en la cárcel de Málaga el 26 de febrero de 1937; a las doce de la noche del 2 de marzo fue fusilado.

Arias Navarro, este singular personaje, que ostentó el título de marqués, llegando a ser nombrado por Franco gobernador civil de León en 1944, director general de Seguridad en 1957, alcalde de Madrid en 1965 y presidente del Gobierno al final de la dictadura franquista, que con tanta pena lloró la muerte del dictador en TVE, es conocido en la capital andaluza con el apodo de Carnicerito de Málaga, calificativo escogido por la idiosincrasia del pueblo andaluz o por la chispa de algún periodista, debido al cierto aspecto de torero, con su bigotillo y su mirada fría, todo ello unido a la facilidad con que le daba trabajo a los sepultureros, con los cuerpos de los indeseables para con el Glorioso Alzamiento Nacional.

En los Consejos de Guerra en los que actuaba de fiscal, se cuenta que en algunas ocasiones y debido al enorme trabajo por los cientos de procesos pendientes, cuando se le hacía tarde, levantando la voz decía:
Como es muy tarde y no tenemos tiempo de deliberar, pena de muerte para los restantes. 
Por declaraciones del cónsul mexicano Sr.Smerdou, se puede comprobar el poco valor que le daba este personaje a la vida humana de los demás. En la Málaga ocupada, D. Porfirio Smerdou (4) quiso interceder por su amigo el alcalde republicano D. Eugenio Entrambasaguas Caracuel, por ello le pidió audiencia y el fiscal le recibió en una actitud muy cordial. El cónsul le expuso con todo lujo de detalles la ayuda que había prestado el alcalde a muchas personas amenazadas de ideologías de derechas, ayudando incluso a familias enteras a abandonar la ciudad, sobre todo a través del puerto; le detalló el rechazo social del edil a la violencia criminal y sobre todo que sus manos no estaban manchadas de sangre. Arias Navarro escucho atentamente, llegando a convencer a Porfirio de que sus argumentos estaban dando resultado; al final de su alocución el fiscal le sonrió, moviendo la cabeza de derecha a izquierda y respondió:
Le entiendo señor Smerdou, pero nada puedo hacer. El alcalde de Málaga es una persona fusilable de oficio. (Diego Carcedo, El Schindler español. p. 230)
El alcalde de Málaga fue fusilado el día 6 de marzo de 1937 junto a 93 personas más.

En el año 1973 se inauguró en Madrid el parque "Alcalde Arias Navarro", situado en el madrileño distrito de Aluche. Acto al que acudió el mismo Arias Navarro acompañando al edil madrileño en ese año D. Miguel Angel García Lomas-Mata.

En el años 2009 y gracias a la financiación del conocido como Plan E comenzaron en el parque trabajos de rehabilitación y mejoras en el mismo. Aprovechando la ocasión, desde el Foro por la Recuperación de la Memoria Histórica de Málaga, se remitió un carta a las autoridades madrileñas del Partido Popular, expresando en ella el total rechazo a que el citado parque siguiera llevando el nombre de tal celebérrimo político. Desde el Ayuntamiento de Madrid, se hizo caso omiso a la misiva malagueña, la entonces teniente de alcalde y delegada de Medio Ambiente, Dª Ana Botella, a la postre alcaldesa de Madrid, inauguró las nuevas instalaciones en compañía de varios miembros del Partido Popular. Carlos Arias Navarro, el Carnicerito de Málaga, seguía teniendo el honor de dar su nombre a un parque de Madrid. Seguramente el Partido Popular quería transmitir a los miembros del Foro Histórico y a las generaciones futuras, las buenas obras que realizó en Málaga años atrás, tan ilustre y distinguido político... (2)

(1) De "Málaga : Base Naval Accidental". Luis Miguel Cerdera. (2015) Pgs. 170 a 173.


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El 12 de mayo de 2016, el Pleno de la Junta Municipal del Distrito de Latina aprobó la propuesta de cambio de nombre del parque para pasar a llamarse "Parque Aluche" con los apoyos de PSOE, Ahora Madrid y Ciudadanos y el voto contrario del PP. Desde el 6 de noviembre de este año 2016 el Parque Carlos Arias Navarro, del distrito de Latina, se llama Parque Aluche. (2)

En 1976 Adolfo Suarez sustituyo a Arias Navarro. En las primeras elecciones democráticas (junio de 1977) Arias Navarro ingresó con honores en el partido de Manuel Fraga, Alianza Popular (AP), hoy Partido Popular. Fraga le colocó por Madrid en las listas del Senado pero no resultó elegido. Tras este sonoro fracaso el carnicerito no volvió a ocupar ningún otro puesto de relevancia. Murió a finales de 1989 a los ochenta años de edad, siendo enterrado en el cementerio de El Pardo (Madrid), a escasos metros del ex presidente Luis Carrero Blanco y del ex ministro de Marina Pedro Nieto Antúnez. (3)

(2) Diario El Mundo (6-11-2016)

(3) Agencias

(4) Era el cónsul honorario de México en Málaga, aunque eso no le daba ninguna protección diplomática. Pero cuando las gente acudió a su puerta a pedir ayuda ante el temor de ser asesinadas, las acogió. Tuvo que hacer un mapa para que cupieran en su casa y arreglárselas para convencer a los anarquistas de que respetaran su "supuesto" suelo diplomático. Salvó a más de 500 personas El periodista Diego Carcedo escribió su historia "El Schindler de la Guerra Civil".

La madre y abuelos de la ex ministra Rosa Conde fueron refugiados en casa de Profirio Smerdou y estuvieron alli hasta que entraron las tropas de Franco. Otras muchas personas pasaron días o meses y luego el Cónsul les hizo salvoconductos y papeles o les sacó en barcos hacia África o Gibraltar. Cuando el gobierno de México se enteró, fue destituido. Pero él mantuvo la placa y la bandera en su casa y no reveló a nadie que ya no era cónsul honorario. Así mantuvo la ficción de que tenía protección diplomática.

Alguna vez tuvo que recurrir a sobornos o negociaciones con guardias que se presentaron allí en busca de sus protegidos. Cuando las tropas nacionales se apoderaron de Málaga, empezó entonces a proteger a los republicanos que acudían a su casa. Arias Navarro le procesó para intentar encarcelarle. Pero entonces, muchas de las personas a las que había salvado la vida se movilizaron y con escritos defendieron su labor humanitaria y lograron evitar que entrara en la cárcel. Murió en 2001 a los 96 años y nunca dio importancia a su labor, "cualquiera hubiese hecho lo mismo de haber estado en mis circunstancias" decía. ( Fuente: Radiocable.com. La Octava Columna)









21 de diciembre de 2016

PERCIVAL MANGLANO, UN HIJO DEL XIX BARÓN DE TERRATEIG


El reciente atentado terrorista de Berlín ha desatado las pasiones de aquellos que niegan derechos a los seres humanos, a todos aquellos que a causa de la guerra buscan refugio y asilo en Europa.

Esperanza y Percival
Entre nobles anda el juego.
Uno de los últimos en manifestarse, al igual que lo ha hecho la totalidad de la extrema derecha europea, ha sido un concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Madrid. Se trata de Percival Manglano, nacido en Londres y emigrado a Madrid, hijo del que fue el XIX Barón de Terrateig y hermano del actual barón. Un título nobiliario español otorgado allá por el siglo XIV por Pedro IV de Aragón, también llamado el del "Puñalito", y sobradamente experto en guerras internas y externas, invasiones, conjuras y todas esas cosas que suelen hacer los reyes.

Pues bien, el tal Percival, →nombre tomado de uno de los Caballeros de la Tabla Redonda, por cierto afanado buscador del Santo Grial←, no ha tenido ningún reparo en arremeter públicamente contra todos los refugiados que en el mundo son, Sin duda poseído por la fuerza del Grial, ha tuiteado que el responsable del atentado es un refugiado pakistaní, afirmación que, como todos sabemos, ha desmentido la policía alemana. Al mismo tiempo, sibilinamente, avisa de las trágicas consecuencias que puede acarrear la acogida de refugiados, acogida contra la que el caballero Percival lucha denodadamente desde su puesto público.



Según Tremending Topic, y al margen de la falsedad que supone culpabilizar a todo un colectivo por la acción de un individuo, lo cierto es que el tuit en cuestión contiene dos mentiras y una verdad:

La primera mentira: es falso que el “autor del atentado” fuese paquistaní. Ya no es que no haya sido juzgado (¿un miembro del PP que no respeta la presunción de inocencia?), es que la policía alemana ha puesto en libertad  a la persona a la que había detenido. Y durante el proceso la policía ya había advertido de que dudaba que la persona que habían arrestado fuese el responsable del acto terrorista. Varios tuiteros avisaron a Manglano de este detalle, sin que el político conservador haya rectificado. 
La segunda mentira: esa persona que fue detenida y que, insistimos, ya ha sido puesta en libertad, no era un refugiado. Era un solicitante de asilo procedente de Pakistán que llegó al país en diciembre de 2015. 
La verdad: lo cierto es que el tuit de Manglano sí que contiene una verdad, su última frase: “No hay peores ciegos que los que no quieren ver”.
Ni mucho menos es esta la primera manipulación burda e interesada de la que Percival Manglano es responsable. A estos chicos del Partido Popular, sobre todo a los criados entre y por la nobleza, se les ve la pluma fascista con extrema facilidad. En el caso de Percival el tema es ya cansino. Sus intervenciones en las tertulias de la muy católica 13tV, ensalzando su "cruzada" particular contra la alcaldesa de Madrid y su equipo, son dignas de figurar en cualquier manual de auto-ayuda para fascistas desnortados. Unas declaraciones que, por supuesto, cuentan con el aplauso unánime de la inmensa mayoría de los contertulios que le escuchan, tertulianos que, disimuladamente y entre aplauso y aplauso, pasan las cuentas del rosario que llevan escondido vaya usted a saber donde.

Ni que decir tiene que el tal Percival colaboró con FAES, allí fue como coordinador de estudios, puesto del que le sacó la ex-consejera Lucia Figar, imputada en el caso Púnica, para colocarlo como asesor del grupo parlamentario del Partido Popular. De allí pasó a ser nombrado Consejero de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid, un puesto desde el que promovió incansablemente la aprobación del proyecto "Las Vegas Sand" (Casinos, hoteles y demás negocios altamente culturales y edificantes). Ahora, y tras la caída de su gran mentora, Esperanza Aguirre, Percival se gana la vida como concejal del distrito de Salamanca, el más noble y adinerado de la capital.

Juntemos a este señor y a David Pérez, alcalde de Alcorcón, ese que dice, sin cortarse ni un pelo, que "Las feministas son mujeres frustradas, mujeres amargadas, mujeres rabiosas y mujeres fracasadas como personas que vienen a dar lecciones a las demás de cómo hay que vivir y de cómo hay que pensar",  y ya tiene Aznar dos pilares fundamentales para su nuevo proyecto politico.

Yo mientras tanto me sumo a la proclama de la alcaldes Carmena : 

Ayuntamiento de Madrid


y a Percival y a los suyos,...que les vayan dando.


Benito Sacaluga.





14 de diciembre de 2016

LA MONARQUÍA, EL ETERNO PROBLEMA



A finales de 1.930, Ortega y Gasset publicó un artículo en el diario El Sol a cuenta del General Berenguer, sucesor del general golpista Primo de Rivera que con la connivencia del rey Alfonso XIII instaló la dictadura en España en 1.923. En esos momentos el rey Alfonso XIII pretendía hacer olvidar los años de dictadura militar por él consentida, presentando a Berenguer como una especie de primera transición, de una vuelta a la normalidad política e institucional, de un bálsamo para la decadente monarquía, un gobierno que fue conocido como la dictablanda. 

El artículo de Ortega bien podría hoy en día y por supuesto en los años en que se pergeñó nuestra "transición", después de muy ligeras adaptaciones sobre aspectos temporales y numéricos, disfrutar de una actualidad tan pasmosa como real y desde luego su latina frase final es hoy cabecera de la opinión de millones de personas tanto dentro como fuera de España, y todo ello a pesar de que la dictadura sufrida por los españoles en aquella época "solo" fue de 7 años y no de más de 40 como es el caso de todos los españoles que aún respiraban en abril de 1939 y de todos sus descendientes.

El articulo, como digo, se publicó a finales de 1930, en el mes de noviembre concretamente, cinco meses después se proclamaba en España la II República.


El error Berenguer

No, no es una errata. Es probable que en los libros futuros de historia de España se encuentre un capítulo con el mismo título que este artículo. El buen lector, que es el cauteloso y alerta, habrá advertido que en esa expresión el señor Berenguer no es el sujeto del error, sino el objeto. No se dice que el error sea de Berenguer, sino más bien lo contrario -que Berenguer es del error, que Berenguer es un error-. Son otros, pues, quienes lo han cometido y cometen; otros toda una porción de España, aunque, a mi juicio, no muy grande. Por ello trasciende ese error los límites de la equivocación individual y quedará inscrito en la historia de nuestro país.

Estos párrafos pretenden dibujar, con los menos aspavientos posibles, en qué consiste desliz tan importante, tan histórico. Para esto necesitamos proceder magnánimamente, acomodando el aparato ocular a lo esencial y cuantioso, retrayendo la vista de toda cuestión personal y de detalle. Por eso, yo voy a suponer aquí que ni el presidente del gobierno ni ninguno de sus ministros han cometido error alguno en su actuación concreta y particular. Después de todo, no está esto muy lejos de la pura verdad. Esos hombres no habrán hecho ninguna cosa positiva de grueso calibre; pero es justo reconocer que han ejecutado pocas indiscreciones. Algunos de ellos han hecho más. El señor Tormo, por ejemplo, ha conseguido lo que parecía imposible: que a estas fechas la situación estudiantil no se haya convertido en un conflicto grave. Es mucho menos fácil de lo que la gente puede suponer que exista, rebus sic stantibus, y dentro del régimen actual, otra persona, sea cual fuere, que hubiera podido lograr tan inverosímil cosa. Las llamadas «derechas» no se lo agradecen porque la especie humana es demasiado estúpida para agradecer que alguien le evite una enfermedad. Es preciso que la enfermedad llegue, que el ciudadano se retuerza de dolor y de angustia: entonces siente «generosamente» exquisita gratitud hacia quien le quita le enfermedad que le ha martirizado. Pero así, en seco, sin martirio previo, el hombre, sobre todo el feliz hombre de la «derecha», es profundamente ingrato.

Es probable también que la labor del señor Wais para retener la ruina de la moneda merezca un especial aplauso. Pero, sin que yo lo ponga en duda, no estoy tan seguro como de lo anterior, porque entiendo muy poco de materias económicas, y eso poquísimo que entiendo me hace disentir de la opinión general, que concede tanta importancia al problema de nuestro cambio. Creo que, por desgracia, no es la moneda lo que constituye el problema verdaderamente grave, catastrófico y sustancial de la economía española -nótese bien, de la española-. Pero, repito, estoy dispuesto a suponer lo contrario y que el Sr. Wals ha sido el Cid de la peseta. Tanto mejor para España, y tanto mejor para lo que voy a decir, pues cuantos menos errores haya cometido este Gobierno, tanto mejor se verá el error que es.

Un Gobierno es, ante todo, la política que viene a presentar. En nuestro caso se trata de una política sencillísima. Es un monomio. Se reduce a un tema. Cien veces lo ha repetido el señor Berenguer. La política de este Gobierno consiste en cumplir la resolución adoptada por la Corona de volver a la normalidad por los medios normales. Aunque la cosa es clara como «¡buenos días!», conviene que el lector se fije. El fin de la política es la normalidad. Sus medios son... los normales. Yo no recuerdo haber oído hablar nunca de una política más sencilla que ésta. Esta vez, el Poder público, el Régimen, se ha hartado de ser sencillo.

Bien. Pero ¿a qué hechos, a qué situación de la vida pública responde el Régimen con una política tan simple y unicelular? ¡Ah!, eso todos lo sabemos. La situación histórica a que tal política responde era también muy sencilla. Era ésta: España, una nación de sobre veinte millones de habitantes, que venía ya de antiguo arrastrando una existencia política bastante poco normal, ha sufrido durante siete años un régimen de absoluta anormalidad en el Poder público, el cual ha usado medios de tal modo anormales, que nadie, así, de pronto, podrá recordar haber sido usados nunca ni dentro ni fuera de España, ni en este ni en cualquier otro siglo. Lo cual anda muy lejos de ser una frase. Desde mi rincón sigo estupefacto ante el hecho de que todavía ningún sabedor de historia jurídica se haya ocupado en hacer notar a los españoles minuciosamente y con pruebas exuberantes esta estricta verdad: que no es imposible, pero sí sumamente difícil, hablando en serio y con todo rigor, encontrar un régimen de Poder público como el que ha sido de hecho nuestra Dictadura en todo al ámbito de la historia, incluyendo los pueblos salvajes. Sólo el que tiene una idea completamente errónea de lo que son los pueblos salvajes puede ignorar que la situación de derecho público en que hemos vivido es más salvaje todavía, y no sólo es anormal con respecto a España y al siglo XX, sino que posee el rango de una insólita anormalidad en la historia humana. Hay quien cree poder controvertir esto sin más que hacer constar el hecho de que la Dictadura no ha matado; pero eso, precisamente eso -creer que el derecho se reduce a no asesinar-, es una idea del derecho inferior a la que han solido tener los pueblos salvajes.

La Dictadura ha sido un poder omnímodo y sin límites, que no sólo ha operado sin ley ni responsabilidad, sin norma no ya establecida, pero ni aun conocida, sino que no se ha circunscrito a la órbita de lo público, antes bien ha penetrado en el orden privadísimo brutal y soezmente. Colmo de todo ello es que no se ha contentado con mandar a pleno y frenético arbitrio, «sino que aún le ha sobrado holgura de Poder para insultar líricamente a personas y cosas colectivas e individuales. No hay punto de la vida española en que la Dictadura no haya puesto su innoble mano de sayón. Esa mano ha hecho saltar las puertas de las cajas de los Bancos, y esa misma mano, de paso, se ha entretenido en escribir todo género de opiniones estultísimas, hasta sobre la literatura que los poetas españoles. Claro que esto último no es de importancia sustantiva, entre otras cosas porque a los poetas los traían sin cuidado las opiniones literarias de los dictadores y sus criados; pero lo cito precisamente como un colmo para que conste y recuerde y simbolice la abracadabrante y sin par situación por que hemos pasado. Yo ahora no pretendo agitar la opinión, sino, al contrario, definir y razonar, que es mi primario deber y oficio. Por eso eludo recordar aquí, con sus espeluznantes pelos y señales, los actos más graves de la Dictadura. Quiero, muy deliberadamente, evitar lo patético. Aspiro hoy a persuadir y no a conmover. Pero he tenido que evocar con un mínimum de evidencia lo que la Dictadura fue. Hoy parece un cuento. Yo necesitaba recordar que no es un cuento, sino que fue un hecho.

Y que a ese hecho responde el Régimen con el Gobierno Berenguer, cuya política significa: volvamos tranquilamente a la normalidad por los medios más normales, hagamos «como si» aquí no hubiese pasado nada radicalmente nuevo, sustancialmente anormal. Eso, eso es todo lo que el Régimen puede ofrecer, en este momento tan difícil para Europa entera, a los veinte millones de hombres ya maltraídos de antiguo, después de haberlos vejado, pisoteado, envilecido y esquilmado durante siete años. Y, no obstante, pretende, impávido, seguir al frente de los destinos históricos de esos españoles y de esta España.

Pero no es eso lo peor. Lo peor son los motivos por los que cree poderse contentar con ofrecer tan insolente ficción. El Estado tradicional, es decir, la Monarquía, se ha ido formando un surtido de ideas sobre el modo de ser de los españoles. Piensa, por ejemplo, que moralmente pertenecen a la familia de los óvidos, que en política son gente mansurrona y lanar, que lo aguantan y lo sufren todo sin rechistar, que no tienen sentido de los deberes civiles, que son informales, que a las cuestiones de derecho y, en general, públicas, presentan una epidermis córnea. Como mi única misión en esta vida es decir lo que creo verdad, -y, por supuesto, desdecirme tan pronto como alguien me demuestre que padecía equivocación-, no puedo ocultar que esas ideas sociológicas sobre el español tenidas por su Estado son, en dosis considerable, ciertas. Bien está, pues, que la Monarquía piense eso, que lo sepa y cuente con ello; pero es intolerable que se prevalga de ello. Cuanta mayor verdad sean, razón de más para que la Monarquía, responsable ante el Altísimo de nuestros últimos destinos históricos, se hubiese extenuado, hora por hora, en corregir tales defectos, excitando la vitalidad política persiguiendo cuanto fomentase su modorra moral y su propensión lanuda. No obstante, ha hecho todo lo contrario. Desde Sagunto, la Monarquía no ha hecho más que especular sobre los vicios españoles, y su política ha consistido en aprovecharlos para su exclusiva comodidad. La frase que en los edificios del Estado español se ha repetido más veces ésta: «¡En España no pasa nada!» La cosa es repugnante, repugnante como para vomitar entera la historia española de los últimos sesenta años; pero nadie honradamente podrá negar que la frecuencia de esa frase es un hecho.

He aquí los motivos por los cuales el Régimen ha creído posible también en esta ocasión superlativa responder, no más que decretando esta ficción: Aquí no ha pasado nada. Esta ficción es el Gobierno Berenguer. Pero esta vez se ha equivocado. Se trataba de dar largas. Se contaba con que pocos meses de gobierno emoliente bastarían para hacer olvidar a la amnesia celtíbera de los siete años de Dictadura. Por otra parte, del anuncio de elecciones se esperaba mucho. Entre las ideas sociológicas, nada equivocadas, que sobre España posee el Régimen actual, está esa de que los españoles se compran con actas. Por eso ha usado siempre los comicios -función suprema y como sacramental de la convivencia civil- con instintos simonianos. Desde que mi generación asiste a la vida pública no ha visto en el Estado otro comportamiento que esa especulación sobre los vicios nacionales. Ese comportamiento se llama en latín y en buen castellano: indecencia, indecoro. El Estado en vez de ser inexorable educador de nuestra raza desmoralizada, no ha hecho más que arrellanarse en la indecencia nacional.

Pero esta vez se ha equivocado. Este es el error Berenguer. Al cabo de diez meses, la opinión pública está menos resuelta que nunca a olvidar la «gran vilt`» que fue la Dictadura. El Régimen sigue solitario, acordonado como leproso en lazareto. No hay un hombre hábil que quiera acercarse a él; actas, carteras, promesas -las cuentas de vidrio perpetuas-, no han servido esta vez de nada. Al contrario: esta última ficción colma el vaso. La reacción indignada de España empieza ahora, precisamente ahora, y no hace diez meses. España se toma siempre tiempo, el suyo.

Y no vale oponer a lo dicho que el advenimiento de la Dictadura fue inevitable y, en consecuencia, irresponsable. No discutamos ahora las causas de la Dictadura. Ya hablaremos de ellas otro día, porque, en verdad, está aún hoy el asunto aproximadamente intacto. Para el razonamiento presentado antes la cuestión es indiferente. Supongamos un instante que el advenimiento de la dictadura fue inevitable. Pero esto, ni que decir tiene, no vela lo más mínimo el hecho de que sus actos después de advenir fueron una creciente y monumental injuria, un crimen de lesa patria, de lesa historia, de lesa dignidad pública y privada. Por tanto, si el Régimen la aceptó obligado, razón de más para que al terminar se hubiese dicho: Hemos padecido una incalculable desdicha. La normalidad que constituía la unión civil de los españoles se ha roto. La continuidad de la historia legal se ha quebrado. No existe el Estado español. ¡Españoles: reconstruid vuestro Estado!

Pero no ha hecho esto, que era lo congruente con la desastrosa situación, sino todo lo contrario. Quiere una vez más salir del paso, como si los veinte millones de españoles estuviésemos ahí para que él saliese del paso. Busca a alguien que se encargue de la ficción, que realice la política del «aquí no ha pasado nada». Encuentra sólo un general amnistiado.

Este es el error Berenguer de que la historia hablará. Y como es irremediablemente un error, somos nosotros, y no el Régimen mismo; nosotros gente de la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestro conciudadanos: ¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo!

Delenda est monarchia.- 
(La monarquía está acabada)

José Ortega y Gasset.

6 de diciembre de 2016

LA COCINA CONSTITUCIONAL




Hoy la cocina está más de moda que nunca. Se cocina todo. Se cocinan las encuestas, los pactos y hasta las leyes. Poco importa el ingrediente base, nuestros cocineros sacaran a la mesa el plato que más convenga a sus intereses y luego nos dirán eso de: "son lentejas".

No es nada nuevo, ya paso allá por 1977. Una reunión de expertos cocineros se aprovisionaron de los derechos de los españoles, limpiaron partes desagradables (para ellos), atentamente vigilados por el Ejército y la Iglesia aliñaron todo con una especie de democracia de supervivencia, y nos pusieron encina de la mesa un plato lleno palabras y vacío de ese contenido que media España llevaba cuarenta años esperando. Para muchos la Constitución del 78 fue un triste plato de lentejas que no tuvimos más remedio que tragarnos. Había hambruna de democracia y abundancia de miedos en cada lado de la mesa.

Hoy los cocineros, como cada año, celebran su creación. Hoy, y desde hace ya setenta y siete años, la República sigue secuestrada, encarcelada en la prisión española de la utopía, mientras que los republicanos tratamos de romper los barrotes con palabras, mientras denunciamos la falta de legitimidad democrática de una Constitución heredera de una dictadura militar. De una dictadura militar que anuló por la fuerza de las armas la Constitución de 1931. Ya sabemos que las constituciones y los militares se llevan mal, para demostrarlo ahí están al menos Leopoldo O'Donnell, Manuel Pavía y Francisco Franco.

Una Constitución, la del 78, que de paso sentó en un trono de opereta al elegido por el dictador. En el trono de un Reino (más de opereta aún que el trono) constituido por el dictador Franco en 1947, con España uniformada de camisa azul y las cárceles a rebosar. Ese es el reino que tenemos hoy, aunque se me enfaden los historiadores, así lo dice en el Art.1º de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (1947):
"España, como unidad política, es un Estado católico, social y representativo que, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en Reino".
Sabiéndose mortal, (creo), el dictador dispuso que él y solo él sería quién designase a su sucesor. Una posible monarquía de corte tradicional quedó descartada de antemano. De nada le sirvió a Juan de Borbón su entregada colaboración con los sublevados durante la guerra, Franco acababa de cargarse la línea de sucesión borbónica y punto. Franco quería un sucesor al que poder manejar desde la tumba y así se lo hizo saber Carrero Blanco a Juan de Borbón:
"Franco nombrará al monarca del reino cuando lo considere conveniente, podrá ser Rey de España, pero de la España del Movimiento Nacional, católica, anticomunista y antiliberal".
Y así fue. Luego todo fue debidamente cocinado hasta quedar finalmente aprobado en la CE del 78. Una Constitución que restauraba la monarquía en España y que curiosamente fue firmada por un rey que constitucionalmente aún no lo era. Yo me corono. El referendum previo formó parte del tercer acto de la opereta, la verdadera pregunta era: Monarquía o Dictadura. Una vez más la voz de los republicanos españoles fue amordazada y en ello colaboraron todos y cada uno de los que redactaron y cocinaron la Constitución.

Los republicanos lo sabemos, creo que no todos, que el problema para la vuelta de la República no es la Constitución ni sus posibles reformas llevadas a cabo por cocineros conservadores o cobardes, el problema principal es que las leyes franquistas sigan siendo hoy válidas y con ellas el reino y la monarquía que se nos impuso, sin que nadie aborde seriamente el tema.

Hay quién dice que la Constitución de 1931 sigue legítimamente vigente, yo soy uno de ellos. Si hay que reformar alguna Constitución que sea la que se aprobó el nueve de diciembre de 1931 por el Congreso de los Diputados, revisarla, adecuarla a nuestros tiempos, modificar todo aquello que se considere necesario, todo menos los artículos 1, 2 y 3 de su Título Preliminar.



Benito Sacaluga