22 de mayo de 2017

RAJOY, TESTIGO BAJO SOSPECHA





Imagen: Strambotic/Público
Rajoy está citado por la Audiencia Nacional para que comparezca como testigo en una de las causas judiciales que se siguen en relación con la financiación irregular del partido que preside desde el año 2003, en total catorce años lleva Rajoy como máximo responsable del Partido Popular. Si se le cita como testigo es por que se supone que su declaración puede aportar luz a la investigación, a la instrucción de la causa. También se supone que como testigo debe decir la verdad, está obligado bajo pena de incurrir en perjurio si no lo hace. Lo malo para Rajoy es que si dice la verdad corre serio peligro de entrar en la Audiencia como testigo y salir como imputado.

Pensar, imaginar, que Mariano Rajoy no es conocedor de la procedencia del dinero que entra en su partido nos lleva automáticamente a pensar que, en el mejor de los casos, no quiso saberlo. El presidente ha pedido a los jueces que su declaración se postergue hasta finales del próximo mes de julio, las razones esgrimidas para justificar tal retraso son inaceptables, más aún que pretender que su comparecencia se efectué a través de una pantalla, sin acudir al Tribunal. Rajoy necesita tiempo para meditar lo que va a declarar en la Audiencia Nacional, necesita estar seguro de que nadie le va a dejar en evidencia, es decir que nadie pueda demostrar que esta mintiendo bajo juramento, que lo hará. Si esto llega a producirse sería el fin automático de Rajoy, no solo como presidente también como politico. Así las cosas, Rajoy necesita tiempo para consolidar adhesiones y asegurar silencios, un tiempo que los jueces le van a regalar, en lugar de hacerle comparecer de forma inmediata para evitar así esas maniobras orquestales en la oscuridad que a buen seguro ya están llevándose a cabo en Genova,13.

Vayámonos preparando para el "no me consta" o el "no me acuerdo" tantas veces repetido últimamente en los juzgados, pero ojo, Rajoy no declara como imputado/investigado, lo hace como testigo, no puede mentir, y decir que no le conste algo puede ser considerado como perjurio si finalmente se demuestra que si le constaba, que era conocedor de ello y además lo era y lo es desde la más alta posición jerárquica y ejecutiva dentro del partido.

Me resulta difícil de comprender como siendo Rajoy el máximo responsable del partido, y beneficiario de esa financiación más que cuestionada, no se le haya citado como investigado. No olvidemos que el dinero cuya procedencia se considera ilícita se utilizó para financiar campañas electorales en las que Rajoy era la estrella rutilante.

Espero que la comparecencia de Rajoy en la Audiencia Nacional se retransmita en directo por las televisiones, será todo un espectáculo, claro que tal y como están las cosas lo mismo las cámaras se tienen que quedar en la calle. A nadie le extrañaría.




Benito Sacaluga.




17 de mayo de 2017

ADIÓS DEMOCRACIA, ADIÓS






Lo digo completamente en serio, el vaso de la democracia en España está medio vacío, y no solo no hay nadie que lo rellene sino que día a día su contenido se va evaporando. Esto no es un juego, pero como tal lo estamos tomando, confiados en que nunca se producirá una involución y sin darnos cuenta de que ya se está llevando a cabo. Para actuar debería bastarnos con leer las noticias que diariamente se producen en torno al Poder Judicial, reveladoras y reales, de un alcance extremo. 

Todo apunta a que la cúpula del Poder Judicial está en manos del Ejecutivo. Al mismo tiempo el Poder Legislativo está maniatado por la derecha gracias al beneplácito de los soberanistas y el cainismo instalado en la izquierda desde tiempos inmemoriales. Cuando Montesquieu escribió la fórmula de oro de la democracia, cuando dijo a todo el mundo que la separación de poderes era una condición indispensable, lo hizo de forma rotunda y sin dejar el menor resquicio a interpretaciones ni excepciones.

Al menos en nuestro país hace ya tiempo (si alguna vez existió) que la separación de poderes se ha ido diluyendo. Al mismo tiempo otros "poderes" han tomado el mando de la situación. Los medios de información y el poder financiero marcan nuestra vida, se hace lo que ellos quieren que se haga y se juzga a quién ellos quieren que se juzgue, siempre según sus intereses económicos.  Para los ciudadanos de a pie solo quedan las migajas del pastel, migajas que en los últimos años se reciben con extraño agradecimiento. Más vale esto que nada, nos decimos, mirando al suelo, sin contemplar siquiera la posibilidad real de un cambio.

Desde finales de 2011 (X Legislatura) hemos estado dirigidos por la batuta de un Gobierno prisionero del poder financiero y de sus ambiciones políticas y personales, por un Gobierno que campó a sus anchas gracias a su mayoría absoluta durante cinco largos años, más uno de propina en funciones negándose radicalmente a someterse al control parlamentario. Después de ello y muy al contrario de lo que cabía esperar, la derecha se hizo con más del tercio de los votos del electorado, y todavía más al contrario de lo que cabía esperar el partido más importante de la izquierda prestó sus votos para que la derecha siguiera instalada en el poder. De seguir así, poco nos falta para convertir a España en una dictadura encubierta en la que solo importarán los beneficios de los poderosos, de los politicos y de los corruptos.

Llevamos diez años pagando la factura de la corrupción, una factura que cada día engorda, que parece no tener límites, quizás con la esperanza de que la Justicia ponga las cosas en su justo lugar, ahora presenciamos impertérritos una situación dentro del Poder Judicial que normalmente turbaría o impresionaría a cualquiera. 

En la izquierda real y en la de salón no faltan teóricos, defensores de ideologías varias, eso sí solo teóricos. Tampoco faltan aquellos que por sistema se dedican a descalificar cualquier actuación o movimiento en contra de este desastre, lo hacen simplemente por la sencilla razón de que no se les ha ocurrido a ellos. Sobran teóricos ansiosos de poder. Sobran nostálgicos y pensadores arcaicos. 

Ante lo que está sucediendo es imprescindible tomar calles y plazas, alzar la voz y exigir de forma contundente la efectiva separación de los tres poderes en los que está cimentada la democracia. Hay que exigir la puesta en marcha de una moción de censura al gobierno del Partido Popular, y hay que exigir al resto de partidos politicos con representación parlamentaria el apoyo unánime a la misma. Es una cuestión de supervivencia.  Menos teoría y más practica. Objetivos alcanzables y a corto plazo, las quimeras han de quedar para otra ocasión, deben marcar las actuaciones encaminadas a salvar una democracia destartalada y en peligro de extinción. La oposición es parte integrante esencial de la democracia, si la oposición está dividida la democracia sufre y muere. En España disponemos de un ejemplo no muy lejano.

Si todo el poder del Estado, Judicial, Legislativo y Ejecutivo, emana del pueblo, hagamos que el Gobierno y los politicos nunca lo olviden. 




Benito Sacaluga




13 de mayo de 2017

LOS MINISTROS DE INTERIOR DE ESTA VAPULEADA ESPAÑA



Juan Ignacio Zoido.
Ministro de Interior
El actual ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, tan solo lleva en su cargo seis meses y en ese brevísimo periodo de tiempo ya está salpicado por al menos dos delicados asuntos relacionados directamente con subordinados suyos, con eso que se ha dado en llamar "hombres de confianza", nombrados a dedo por él para ocupar sendos altos cargos. Por un lado tenemos el oscuro asunto de la vivienda del Director de la Dirección General de Tráfico (DGT), Gregorio Serrano, y las maniobras para la ocupación de una vivienda propiedad de la Guardia Civil en la que, además, se han invertido más de 50.000 euros de dinero público en su reforma. Este asunto, aunque parezca mentira, está sin aclarar a pesar de haberse conocido en el pasado mes de marzo. Añadir que el Director de la DGT fue la mano derecha de Zoido en su etapa como alcalde de Sevilla.

Por otro lado nos encontramos con las acusaciones más o menos directas que pesan sobre otro amigo del ministro y nombrado también por él, sobre el Secretario de Estado de Seguridad, José Antonio Nieto. Acusaciones o sospechas sobre la autoria de un "chivatazo" al clan de Ignacio Gonzalez durante una entrevista concedida por Nieto al hermano de ex-presidente de la Comunidad de Madrid, en la que supuestamente se alertó de la existencia de la Operación Lezo. Asunto muy oscuro y aún sin aclarar. 

Estaremos de acuerdo en que si hay algún ministro al que se le deba reconocer de inmediato por su solvencia, su honradez y su ética ese es el de Interior, exigencia que debe extenderse a sus altos cargos. No en vano dirigen las fuerzas de seguridad, esas que deben protegernos, al mismo tiempo que persiguen a todos aquellos que se saltan las leyes sean quienes sean. Hoy que la Administración de Justicia está más que cuestionada por la opinión pública solo nos faltaba que también se dudase de los politicos que ordenan y mandan en las fuerzas de seguridad.

Así estamos. En España no hemos tenido mucha suerte con los ministros de Interior y seguimos sin tenerla. Desde que murió el dictador (1975) hasta hoy este es el resumen de los agraciados con la cartera de Interior por decisión personal de los presidentes de Gobierno de turno.

1975. Manuel Fraga Iribarne. Ex ministro franquista y fundador de Alianza Popular, hoy PP. Sucesos de Vitoria (1976) cinco muertos a manos de la policía. Sucesos de Montejurra (1976) dos muertos, los responsables fueron amnistiados en 1977.

1976. Rodolfo Martín Villa.  Falangista. Jefe nacional del S.E.U.  Caso Scala contra la CNT.  Intento de asesinato a Antonio Cubillo, jefe de Roberto Conesa, jefe de la Brigada Político-Social hasta su disolución.

1979. Antonio Ibañez Freire. Militar golpista en 1936. Cruz de Hierro por su colaboración con el ejercito nazi a través de la División Azul.  

1980. Juan José Rosón Pérez. Secretario General del SEU. Caso Almería (1981), tres muertos.

1982. José Barrionuevo Peña. PSOE. En 1998 el Tribunal Supremo le declaró culpable de diversos delitos como responsable de la «guerra sucia contra ETA» practicada por los GAL.

1988. José Luis Corcuera. PSOE. Autor de la "Ley Corcuera (Patada en la puerta) ". Se vio obligado a dimitir al ser esta declarada inconstitucional por el TC.

1993. Antoni Asunción Hernandez. PSOE.  Dimitió tras la fuga del exdirector de la Guardia Civil Luis Roldán.

1994. Juan Alberto Belloch. Independiente. En el PSOE desde 1996 hasta 2015.

1996. Jaime Mayor Oreja. PP.  Nostálgico declarado del franquismo.

2001. Mariano Rajoy Brey. PP. Un plato es un plato y un vaso es un vaso.

2002. Ángel Acebes. PP. Miente publicamente sobre la autoría de los atentados de Atocha. Desde 2012, está imputado por comisión de delitos de apropiación indebida, falsificación de cuentas anuales, administración fraudulenta o desleal, y un delito de maquinación para alterar el precio de las cosas (Caso Bankia).

2004. José Antonio Alonso. PSOE.

2006. Alfredo Pérez Rubalcaba. PSOE. Caso Faisán.

2011. Antonio Camacho, PSOE. 

2011. Jorge Fernandez Diaz. PP. Recibe a Rodrigo Rato, ya imputado, en el despacho del Ministerio. En junio de 2016 se dan a conocer unas cintas, en se muestra al ministro conspirar, junto al Director de la Oficina Anti Fraude de Cataluña, para acusar a cargos de CDC y ERC de corrupción. Condecorador de vírgenes.“El matrimonio entre personas del mismo sexo no debe tener la misma protección por los poderes públicos que el matrimonio natural. La pervivencia de la especie, por ejemplo, no estaría garantizada”.


2016. Juan Ignacio Zoido. PP. Recién llegado y ya con problemas.


Salvo una o dos excepciones el paso por el Ministerio de Interior viene a durar menos de una legislatura, en algún caso solo meses. ¿Por qué será? ¿En manos de quién estamos? ¿El cargo de ministro de Interior debería estar en manos de politicos?





Benito Sacaluga.





10 de mayo de 2017

SURESNES, SUSANA Y EL PSOE



Pablo Iglesias
Han pasado casi 43 años desde el Congreso que el PSOE celebró en Suresnes (1974). Un Congreso llevado a cabo durante la dictadura y en el que se partía de una premisa, de la necesidad de colocar el programa de Pablo Iglesias como expresión única de su ideología, de hacerlo sin ambages, de elevar sus postulados a la máxima categoría. Postulados que inmediatamente despreciaron bajo la excusa del cambio de los tiempos y de la sociedad española, del cambio generacional. Se pasó de la ideología a la estrategia que había de posibilitarles el acceso al poder. Felipe Gonzalez sería el encargado de llevar a cabo el "giro". 

Pasaron dos años y en 1976, ya en Madrid, el PSOE celebra un Congreso, aún sin estar legalizado y con Adolfo Suarez mirando para otro lado. Un Congreso que sentó en la mesa principal a Olof Palme y a Willy Brandt, contentos y expectantes con la deriva que el PSOE iba tomando. Lo que en un principio se calificó como una operación reformista finalmente se materializó en un giro ideológico de primera magnitud, que alcanzó su máxima expresión cuando en 1979 la UCD de Suarez ganó las elecciones generales, una victoria de Suarez anclada, entre otros muchos factores, en una campaña electoral basada en el miedo a las consecuencias derivadas de la toma del poder por un partido (PSOE) marxista. Felipe Gonzalez tomó nota y decidió que sin renunciar al marxismo la llegada al poder era algo casi inalcanzable. En el Congreso de mayo del 79 Gonzalez presentó una ponencia que renunciaba a la definición marxista del partido. Tierno Galván y Pablo Castellano impiden que la ponencia triunfe. Gonzalez no acepta el resultado y abandona. El PSOE pasa a estar en manos de una Comisión Gestora, mientras que Gonzalez y Guerra "luchan" por apoyos para su ponencia de abandonar el marxismo. Meses más tarde, en septiembre, tiene lugar un Congreso Extraordinario. Gonzalez y los suyos consiguen su objetivo. Felipe de Secretario General, el marxismo desterrado y un PSOE que pasó a definirse como un "partido de clases, de masas, democrático y federal”. Adiós al marxismo y adiós al contenido del Manifiesto Fundacional del PSOE. Para rematar la faena todo se acompañó con la renuncia a la restitución de la República dando validez absoluta a la monarquía.


Posteriormente vino el poder, (22 años gobernando), y ahora la debacle llama a las puertas de Ferraz. Una debacle que Gonzalez y sus acólitos quieren solucionar al modo de 1979, es decir dando un giro encubierto a unos principios ideológicos ya de por si bastante vapuleados en 1979. Hoy ya no pueden renunciar al marxismo, ya está desterrado, y están dispuestos a eliminar de sus entrañas todo que huela a izquierda real.

Así las cosas decapitan a Pedro Sánchez como Secretario General, se lanzan en manos de una gestora y acusan a Sánchez y los suyos de izquierdistas peligrosos, lo mismo que hizo Suarez con Gonzalez en 1979, Como alternativa colocan en la parrilla de salida a Susana Diaz (firmemente apoyada por la derecha) un personaje a todas luces incapaz, se mire por donde se mire, de dirigir el PSOE, no digamos ya de ejercer la Presidencia del Gobierno, pero eso no importa, lo que de verdad importa es su sumisión a las directrices que Gonzalez y la vieja y no tan vieja guardia del partido tenga a bien imponer. Lo intentaron con Pedro Sánchez y éste no tragó....pero Susana Diaz, no lo dude nadie, tragará.

Dicen los detractores de Pedro Sánchez que si llega a la SG dividiría el partido en dos, que sería el fin del PSOE como partido con expectativas de gobernar, lo que no dicen, ni parece que asuman, es que el PSOE ya está dividido, y lo está desde octubre de 2016 gracias a Gonzalez, los suyos y su candidata.  Si Pedro Sánchez llega a ser elegido SG de ninguna de las maneras supondrá la división del partido, eso si bueno sería que hiciera limpieza.

Del análisis de todo lo anterior se hace difícil no encontrar similitudes entre ello y lo que hoy sucede en el PSOE. Pronto veremos si el PSOE da un nuevo paso atrás en relación con el objeto de su fundación, o si por el contrario retoma la senda y los valores que la justificaron. De la militancia depende.

Para terminar quiero referirme a las críticas malsanas dirigidas a Pedro Sánchez desde gran parte del PSOE por haber manifestado que en España conviven varias naciones. Los que lo hacen deberían repasar el punto 11 de  la Resolución Política aprobada en el Congreso del PSOE de 1974 (Suresnes), como exigencia para el restablecimiento de la democracia en España, dice así:
Reconocimiento del derecho de autodeterminación de todas las nacionalidades ibéricas.
pero claro, quién te ha visto y quién te ve.


Benito Sacaluga





Para acabar de entender tanto lo sucedido en Suresnes como algunos hechos posteriores recomiendo el siguiente enlace:



Rodolfo Llopis. Socialista.
Presidente de UGT y Secretario General del PSOE en el exilio.

5 de mayo de 2017

LAS PRIMARIAS DEL PSOE O UN MODELO DE PAIS



Ya conocemos el número de avales que ha conseguido cada candidato a la Secretaria General del PSOE. Unos resultados que han dejado a Patxi López fuera de juego y evidenciado el gran potencial de un Pedro Sánchez, solo y sin apoyos del aparato del partido, para vencer a una Susana Diaz arropada por la Gestora y protegida por varios barones territoriales y esa vieja guardia del partido dirigida por Felipe Gonzalez. Hoy el Partido Popular se ha lanzado a hacer campaña a favor de la candidata andaluza. El "NO ES NO" del Sánchez de 2016 sigue retumbando en los despachos de Genova 13 y el miedo se ha instalado en todos los despachos de esa Sede reformada con dinero negro. Así las cosas, el PP trata de trasladar ese miedo a los fieles a Sánchez avisando, una vez más, de una más que segura "podemización" del PSOE en el caso de que Sánchez se hiciera con las riendas del partido. Unas riendas que nunca pudo manejar libremente a pesar de haber sido elegido Secretario General, el aparato, la vieja guardia y Susana Diaz se lo impidieron desde el primer día y hasta el mismo momento en que le traicionaron y derribaron. Si dentro de unos días Sánchez fuese nuevamente SG las cosas serían radicalmente distintas, además veríamos como una persona que cumple con la palabra dada accede a dirigir uno de los principales partidos españoles, cosa nunca vista desde 1976  hasta hoy. 

Hablando de avales no deberiamos olvidar que en ellos figura el nombre del avalista y que la votación es anónima, algo muy importante que debe jugar en favor de Pedro Sánchez, puede significar no salir en la "foto" pública de los detractores de Susana Díaz y del aparato y finalmente votar a Pedro desde el anonimato.

Mientras Sánchez defiende la vuelta al espacio de la izquierda, Susana Díaz pretende consolidar el giro a la derecha, presta a pactar lo que sea con el PP y C´s, aunque esos pactos se materialicen en forma de una cobarde abstención, olvidando que un socialista nada pacta con aquellos partidos que van en contra de los intereses de las clases trabajadoras, sea cual sea el precio a pagar por esa oposición. 


La llegada de Susana Diaz a la SG del PSOE supondría mucho más que la puesta en marcha de un nuevo giro imposible en el PSOE, viene a suponer la reducción a mínimos de las fuerzas de izquierdas en el Parlamento, el gran objetivo de la derecha. Poco tardaríamos en ver o sospechar la realidad de esa "gran coalición" que Felipe Gonzalez viene apoyando desde hace años, la vuelta a un bipartidismo rancio, a ese "quid pro quo" que supone la alternancia programada, a esas tartas de idénticos ingredientes en la que solo cambian los adornos superficiales y no falta nunca el de la corrupción.

Con la triada PP, PSOE, C's ya podemos ir olvidándonos de conseguir esa democracia real a la que llevamos aspirando desde 1976.... o quizás a la definitiva desaparición del PSOE como partido con opciones de gobierno junto a la posibilidad de consolidación de una izquierda española unida, unión que el PSOE ha dinamitado, al menos desde que Felipe Gonzalez le enmendó la plana al fundador de su partido (Suresnes en 1974) para así caer en manos de ese capitalismo inteligente que le catapultó al poder,

Bueno sería que los partidarios de Susana Diaz, la gestora y la vieja guardia "socialista" releyesen el Manifiesto Fundacional del PSOE, ese que Pablo Iglesias Posse redactó y rubricó en 1879: 
Considerando que esta sociedad es injusta, porque divide a sus miembros en dos clases desiguales y antagónicas: una, la burguesía, que, poseyendo los instrumentos de trabajo, es la clase dominante; otra, el proletariado, que, no poseyendo más que su  fuerza vital, es la clase dominada. Que la sujeción económica del proletariado es la causa primera de la esclavitud en todas sus formas: la miseria social, el envilecimiento intelectual y la dependencia política. Que los privilegios de la burguesía están garantizados por el Poder Político, del cual se vale para dominar al proletariado.........
 El Partido Socialista tiene por aspiración:
Primero.-La posesión del poder político por la clase trabajadora .......... 
.......En suma el ideal del Partido Socialista es la completa emancipación de la clase trabajadora. Es decir, la abolición de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores libres e iguales, honrados e inteligentes (...)
Preguntémonos ahora cual sería el candidato preferido de Pablo Iglesias Posse para ocupar la SG del PSOE. Ahora las bases del PSOE, la militancia, los auténticos socialistas tienen la última palabra. Entre otras cosas tienen la oportunidad de elegir entre una mano aferrada al cirio procesional y un puño cerrado golpeando con fuerza en la puerta de la justicia social.

Termino recordandole a Susana Diaz que aún estamos esperando que nos diga quién pagó su pomposo acto de presentación como candidata a la SG.


Benito Sacaluga






27 de abril de 2017

DE FELIPES, MARIANOS Y REPÚBLICAS



Lo que está sucediendo en el seno del Partido Popular y por extensión en el Gobierno es de tal gravedad que, más que una realidad constatada, nos llega a parecer una pesadilla, un mal sueño imposible. El robo sistemático de los recursos del Estado es un mal que venimos padeciendo al menos desde 1939, pero hoy en día y gracias a algunos medios de información dicho robo es del dominio público y se ha convertido en algo inherente a nuestra propia existencia, forma parte de nuestro día a día y a buen seguro que hace tiempo dejó de escandalizarnos para convertirse en un mal crónico contra el que no parece existir curación, máxime cuando hasta el poder judicial está gravemente en entredicho. Con una situación como la descrita, con las instituciones y empresas públicas degradadas y un sistema de estado que comporta la existencia de una jefatura del mismo sin poder de acción, la posición real de los españoles es de indefensión total ante la corrupción del partido gobernante y consecuentemente de pérdida de derechos y libertades.

Mañana nos levantaremos con un nuevo escándalo y el presidente del Gobierno volverá a mirar para otro lado mientras maniobrará en la oscuridad para evitar las consecuencias, así llevamos desde que tomó posesión de su cargo. Mientras tanto desde la jefatura del Estado solo obtendremos un silencio inaceptable. Una jefatura del Estado cuyo entorno también está salpicado por casos de corrupción y sospechas, tal y como lo ha estado desde que el francés Felipe V se sentó en el trono de España hace más de trescientos años por imposición del rey francés Luis XIV, convirtiéndose así en el primer borbón en hacerlo, hoy un descendiente suyo sigue ocupando el cargo de Jefe del Estado en España, un cargo que como todos sabemos es meramente protocolario, un costoso jarrón vacío de contenido, rodeado de no pocas amistades peligrosas.

Si estamos así es, entre otras cosas, por la sencilla razón de que nuestro sistema de estado es ineficaz para defender a los ciudadanos al mismo tiempo que protege a aquellos que esquilman al pueblo. Bastaría con abolir la monarquía para que la situación experimentase un giro de 180 grados. Si España fuese una República hace mucho tiempo que Mariano Rajoy no sería presidente del Gobierno. El Artículo 75 de la Constitución Española de 1931 sería la herramienta ideal para descabalgar a Mariano Rajoy dada su postura ante la corrupción de los suyos y las nefastas consecuencias de su comportamiento.
Artículo 75. (CE-1931)
El Presidente de la República nombrará y separará libremente al Presidente del Gobierno, y, a propuesta de éste, a los Ministros. Habrá de separarlos necesariamente en el caso de que las Cortes les negaren de modo explícito su confianza. 
Ningún presidente de la República, a la vista de lo que ha sucedido y sucede, dudaría en destituir a Mariano Rajoy, ninguno, aunque formase parte de su partido. En la monarquía que padecemos lo anterior no es posible. Ante esta impotencia sumemos la colaboración del PSOE y C's para que, en plena oleada de casos de corrupción, Rajoy fuese investido presidente del Gobierno, incluso hoy mismo se niegan a apoyar la moción de censura propuesta por la izquierda parlamentaria,

El Parlamento no actúa, el Poder Judicial carece de medios y del apoyo incondicional de la Fiscalía, lo que viene a convertir España en un lugar donde todo se decide por el Poder Ejecutivo. Más o menos una especie de democracia orgánica donde los actores son exclusivamente los corruptos y los poderes económicos, una situación en la que el punto de no retorno está cada día más cerca. Tomar medidas urgentes es vital.


Benito Sacaluga.



24 de febrero de 2017

FELIPE, ¿POR QUÉ NO TE VAS?





Felipe VI con la toga judicial,
Gran Collar de la Justicia y
Escudo de Magistrado del
Tribunal Supremo
Solo los responsables de la situación dudan sobre el hecho cierto de que las instituciones españolas caminan por una senda de desprestigio que, a pesar de haber rebasado hace tiempo los límites soportables, aún siguen esperando que de una vez por todas se ponga fin al esperpento en que se han convertido. Al menos los ciudadanos necesitamos y debemos exigir una operación de limpieza a fondo acompañada de una urgente puesta al día de todo aquello que regula nuestras vidas.

Si la actual situación española está adquiriendo tintes de caótica, es de esperar que el caos finalmente se materialice y con él aquellos desastres que le son propios. Si la jefatura del Estado no percibe o no afronta esta situación nadie aceptará, en el caso de que finalmente se produzca, que desde la Casa Real se alegue desconocimiento ni impotencia, los "no me constaba", "no lo sabia", "lo desconocía", o incluso alusiones al "amor" aunque este sea a España.  Como justificación de la pasividad reinante ninguna de estas maniobras tendrán cabida en la mente de ningún español de ley, tampoco el recurso al texto constitucional, a su Título II.

Cierto es que las atribuciones, los poderes del monarca son prácticamente inexistentes, así se decidió en 1978 a cambio de legitimar constitucionalmente la monarquía. Se adoptó la trucada fórmula de que el Rey reina pero no gobierna y el rey designado por el dictador Franco asumió la jefatura del Estado, y lo hizo sin tener ninguna preparación afín a este tipo de función y por supuesto ninguna experiencia, salvo la que pudo acumular durante tantos años  de estrecha relación con el dictador y con su régimen. Obligado Juan Carlos I a abdicar, su puesto fue ocupado por su hijo menor, igualmente carente de toda experiencia y/o preparación para el ejercicio de la Jefatura del Estado, salvo aquella que le pudo proporcionar su padre, es decir ninguna digna de elogio.

Ahora, cuando las instituciones se tambalean, especialmente aquellas encargadas de velar por los derechos de todos los españoles, es imprescindible actuar, - pongamos como ejemplo el deterioro de la Justicia y recordemos que “La Justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey" (Art.115 CE/1978) -. Llegando a este punto de deterioro se hace imprescindible un golpe de timón al objeto de recuperar un rumbo cierto. Si el Jefe del Estado es incapaz de enderezar la situación de deterioro general de las Instituciones debe asumir su inutilidad y renunciar a su puesto. Así sería si tal jefatura estuviese en manos del presidente de una República, pero España es una monarquía y además el timón está en manos de un partido politico inmerso en tantos y tantos casos de corrupción, de todo tipo, que ya se hacen imposibles de enumerar y cuyo poder e influencia sobre los órganos judiciales está continuamente criticado, incluso por los propios magistrados y fiscales.

El Rey sabe que no puede hacer nada para impedir que el sistema reviente, que reventará, por tanto digno de un buen rey sería apartarse del trono y dejar que otros impidan el sufrimiento del pueblo, devolviendo la dignidad a las Instituciones que han de garantizar sus derechos y ampliando estos, desterrando la corrupción y castigando ejemplarmente a los corruptos.

El Rey debe irse, no es necesario entrar en sesudas disquisiciones ni en análisis ideológicos ni politicos, ni tan siquiera hace falta ya justificar los motivos de su marcha, de su renuncia, junto con la de todos los miembros de su extensa familia, a un trono que debe pasar a ser una exclusiva pieza de museo.  

Esa renuncia al trono y a sus privilegios si que seria un gran acto de amor por España y además nos evitaría seguir perdiendo el tiempo en busca de un estado plenamente democrático. 

Mi pregunta es: ¿ Por qué no se va?. Quizás la decisión de irse sea la única que está dentro de sus atribuciones y si no es así le amparan sus derechos constitucionales como ciudadano, bueno sería que tomase esa decisión. En España llevamos muchos años necesitando un Jefe del Estado democráticamente elegido, y que además ejerza como tal y, como no, una forma de Estado diferente a la que nos impuso el régimen franquista.




Benito Sacaluga




14 de febrero de 2017

LA REPÚBLICA, LOS SEÑORITOS Y MACHADO.






Castas, privilegiados, señoritos antaño en sus cortijos y hoy en los consejos de administración de multinacionales y en las instituciones. Otros hombres, los verdaderos, paridos en el pueblo y convertidos en héroes incontestables y rebeldes, exigen a los reyes la inocencia en las acusaciones que contra ellos existen, pueblo levantado antes en armas, hoy protagonizando manifestaciones de rechazo a los gobernantes, a la clase dirigente, al insaciable sistema capitalista, al señoritismo, enfrentándose al sistema en extraordinarias condiciones de inferioridad tal y como los milicianos republicanos se enfrentaron a ejércitos profesionales, un pueblo que aspira a los derechos que le corresponden ya que todo lo que España tiene de grande finalmente se lo debe al pueblo. No hay poderosos, hay poder, y ese poder lo reclama hoy el pueblo una vez que su cesión al sistema, al señoritismo, ha vaciado sus graneros para contentar a los señoritos. Un poder exigible y exigido por tanto tiempo que ya nuestras memorias no son capaces de recordar su primer día. Una lucha que necesita de una herramienta básica, de la cultura, una herramienta que los señoritos rechazan concedernos sumiéndonos en la constante y machacona repetición de los textos de “sus” escritores y trabando a aquellos autores que escriben para el pueblo llano, al mismo tiempo que se les aplican los más inadecuados calificativos, intentado que el pueblo, permanezca dormido mientras se alimenta con la “cultura del consumo" , precisamente la que hace que los bolsillos de los señoritos y los usureros estén cada día mas llenos y nuestros graneros cada día más vacíos,

Antonio Machado, republicano convencido, escribió en el diario La Vanguardia una serie de artículos durante la guerra civil española, concretamente veintiséis, reproduzco a continuación el primero de ellos por su indudable vigencia, publicado el 16 de julio de 1.937, justo un año después del levantamiento militar e inicio de la guerra civil, pero antes, y a modo de guiño a la esperanza republicana, una estrofa de sus primeras obras, de principios del siglo XX :

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.

…… Mi corazón espera
también hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Vamos ahora con Machado y su artículo:


...Cuando alguien me preguntó, hace ya muchos años, ¿piensa usted que el poeta debe escribir para el pueblo, o permanecer encerrado en su torre de marfil?, era el tópico al uso de aquellos días, consagrado a una actividad aristocrática en esferas de la cultura sólo accesibles a una minoría selecta, yo contesté con estas palabras, que a muchos parecieron un tanto ingenuas: "Escribir para el pueblo, decía un maestro, ¡qué más quisiera yo !". Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos, claro está, de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es, por de pronto, escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres  cosas de inagotable contenido que no acabamos nunca de conocer. Y es mucho más, porgue escribir para el pueblo nos obliga a rebasar las fronteras de nuestra patria, escribir; para los hombres de otras razas y de otras lenguas. Escribir para  el pueblo es llamarse Cervantes, en España; Shakespeare, en Inglaterra;, Tolstoi, en Rusia.

Es el milagro de los genios de la palabra. Tal vez alguno de ellos lo realizó sin saberlo, sin haberlo deseado siquiera. Día llegará en que sea la suprema aspiración del poeta. En cuanto a mí, mero aprendiz, no creo haber pasado de folklorista, aprendiz a mi modo, del saber popular. 

Mi respuesta era la de un español consciente de su hispanidad, que sabe, que necesita saber como en España casi todo lo grande es obra del pueblo o para el pueblo, como en España lo esencialmente aristocrático en cierto modo es lo popular. En los primeros meses de la guerra que hoy ensangrienta a España, cuando la contienda no había aún perdido su aspecto de mera guerra civil, yo escribí estas palabras que pretendían justificar mi fe democrática, mi creencia en la superioridad del pueblo sobre las clases privilegiadas.

Después de puesta su vida tantas
veces por su ley al tablero...

¿Por qué recuerdo yo esta frase de don  Jorge Manrique, siempre que veo, hojeando diarios y revistas, los retratos de nuestros milicianos? Tal ves será, porque estos hombres, no precisamente soldados, sino pueblo en armas, tienen en sus rostros el grave ceño y la expresión concentrada o absorta en lo invisible, de quienes, como dice el poeta, “ponen al tablero su vida por su ley», se juegan esa moneda única, si se pierde no hay otra, por una causa hondamente sentida. La verdad es que todos estos milicianos parecen capitanes, tanto es el noble señorío de sus rostros. Cuando una gran ciudad, como Madrid en estos días,  vive una experiencia trágica, cambia totalmente de fisonomía y en ella advertimos un extraño fenómeno compensador de muchas amarguras: la súbita desaparición del señorito. Y no es que el señorito, como algunos piensan, huya o se esconda, sino que desaparece literalmente se borra, lo borra la tragedia humana, lo borra el hombre.

La verdad es que, como decía Juan de Mairena, “no hay señoritos, sino más bien señoritismo” , una forma, entre varias, de hombría degradaba, un estilo peculiar de no ser hombre, que puede observarse a veces en individuos de diversas clases sociales, y que nada tiene que ver con los cuellos planchados, las corbatas o el lustre de las botas.

Entre nosotros, españoles, nada señoritos por naturaleza, el señoritismo es una enfermedad epidémica, cuyo origen puede encontrarse acaso en la educación jesuítica, profundamente anticristiana y, digámoslo con orgullo, perfectamente antiespañola. Porque “señoritismo" lleva implícita una estimativa errónea y servil, que antepone los hechos sociales más de superficie, signos de clase, hábitos o indumentos, a los valores propiamente dichos, religiosos y humanos. El señoritismo ignora, se complace en ignorar, jesuísticamente, la insuperable dignidad del hombre. El pueblo, en cambio, la conoce y la afirma, en ella tiene su cimiento más firme y la ética popular. «Nadie es más que nadie» reza un adagio de Castilla. ¡Expresión perfecta de modestia y de orgullo! Si, “nadie es más que nadie” porque a nadie le es dado aventajarse a todos, pues a todo hay quien gane, en circunstancias de lugar y de tiempo. “Nadie es más que nadie”, porque, y éste es el más hondo sentido de la frase, por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre. Así habla Castilla, un pueblo de señores, que siempre ha despreciado al señorito.

Cuando el Cid, el Señor por obra de una hombría el Cid, el Señor que sus propios enemigos proclaman, se apercibe, en el viejo poema, a romper el cerco que los moros tienen puesto a Valencia, llama a su mujer, doña Jimena, y a sus hijas Elvira, y Sol, para que vean "cómo se gana el pan". Con tan divina modestia habla Rodrigo de sus propias hazañas. Es el mismo, empero, que sufre destierro por haberse erguido ante el rey Alfonso y exigiéndole, de hombre a  hombre, que jure sobre los Evangelios no deber su corona al fratricidio Y junto al Cid, gran señor de sí mismo, aparecen en la gesta inmortal aquellos dos infantes, de Carrión, cobardes, vanidosos y vengativos; aquellos dos señoritos felones, estampas, definitivas de una aristocracia, encanallada. Alguien ha señalado, con certero tino, que el Poema del Cid es la lucha entre una democracia naciente y una aristocracia declinante. Yo diría, mejor, entre la hombría castellana y el señoritismo leonés de aquellos tiempos.

No faltará quien piense que las sombras de los yernos del Cid acompañan hoy a los ejércitos facciosos y les aconsejan hazañas tan lamentables como aquella del robledo de Corpes. No afirmaré yo tanto porque no me gusta denigrar al adversario, pero creo con toda el alma que la sombra de Rodrigó acompaña a nuestros heroicos milicianos. y que en el Juicio de Dios que hoy, como entonces, tiene lugar a orillas del Tajo, triunfarán otra vez los mejores. O habrá que faltarle al respeto a la misma divinidad.

Entre españoles, lo esencial humano se encuentra con la mayor pureza y el más acusado relieve en el alma popular. Yo no sé si puede decirse lo mismo de otros países. Mi folklore no ha traspuesto las fronteras de mi patria. Pero me atrevo a asegurar que en España el prejuicio aristocrático, el de escribir exclusivamente para los mejores, pueda aceptarse y aún convertirse en norma literaria, solo con esta  advertencia: la  aristocracia española está en el pueblo, escribiendo para el pueblo se escribe para los mejores. Si quisiéramos piadosamente no excluir del goce de una literatura popular a las llamadas  clases tendríamos que rebajar el nivel humano y la categoría estética de las obras que hizo suyas e! pueblo y entreverarlas con frivolidades y pedanterías. De un modo más o menos consciente es esto lo que muchas veces hicieron nuestros clásicos. Todo cuanto hay de superfluo en “El Quijote” no proviene de concesiones hechas al gusto popular, o como se decía antes, a la necedad del vulgo, sino por el contrario a la perversión estética de la corte. Alguien ha dicho con frase desmesurada, inaceptable: ad pedem ittera, pero con  profundo sentido de verdad, en nuestra gran literatura casi todo lo que no es folklore es pedantería. 

Pero dejando a un lado el aspecto español  o, mejor españolista, de la cuestión se encierra a mi juicio, en este claro dilema: o escribimos sin olvidar al pueblo, o sólo escribiremos tonterías, y volviendo al aspecto universal del problema, que es el de la difusión de la cultura y el de su defensa voy a leeros palabras de Juan de Mairena, un profesor apócrifo o hipotético, que  proyectaba en nuestra patria una Escuela Popular de Sabiduría Superior.

'La cultura vista desde fuera, como la ven quienes nunca contribuyeron a crearla, puede aparecer como un caudal en numerario o mercancías, el cual, repartido entre muchos, entre los más, no es suficiente para enriquecer a nadie. La difusión de la cultura sería para los que así piensan, si esto es pensar, un despilfarro o dilapidación de la cultura, realmente lamentable”. ¡Esto es tan lógico!... Pero es extraño que sean, a veces, los antimarxistas, que combaten la interpretación materialista de la Historia, quienes expongan una concepción tan espesamente materialista de la difusión cultural.

En efecto, la cultura vista desde fuera, como si dijéramos desde la ignorancia o, también, desde la pedantería, puede aparecer como un tesoro cuya posesión y custodia sean el privilegio de unos pocos y el ansia de cultura que siente el pueblo, y que nosotros quisiéramos contribuir a aumentar en el pueblo, aparecería como la amenaza a un sagrado depósito. Pero nosotros, que vemos la cultura desde dentro, quiero decir desde el hombre mismo, no pensamos ni en el caudal, ni en el tesoro, ni en el depósito de la cultura, como en fondos o existencias que puedan acapararse, por un. lado, o, por otro, repartirse a voleo, mucho menos que puedan ser entrados a saco por las turbas. Para nosotros, defender y difundir la cultural es una misma cosa: aumentar en el mundo el humano tesoro de conciencia vigilante. ¿Cómo? Despertando al dormido. Y mientras mayor sea el número de despiertos... . .

Para mí, decía Juan de Mairena, sólo habría una razón atendible contra una gran difusión de la cultura o tránsito de la cultura , concentrada en un estrecho círculo de elegidos o  privilegiados, a otros ámbitos más extensos, si averiguásemos que el principio de Carnot - Clausius, rige también para esa clase de energía espiritual que despierta al durmiente. En ese caso habríamos de proceder con sumo tiento, porque una difusión de la cultura implicaría, a fin de cuentas, una degradación de la misma que la hiciese prácticamente inútil. Pero nada hay averiguado, a mi juicio, sobre este particular. Nada serio podríamos oponer a una tesis contraria que, de acuerdo con la más acusada apariencia, afirmase la constante reversibilidad de la energía espiritual que produce la cultura. Para nosotros, la cultura ni proviene de energía que se degrada al propagarse, ni es caudal que se aminore al repartirse; su defensa, obra será de actividad generosa, lleva implícitas las dos más hondas paradojas de la ética : sólo se pierde lo que se guarda, sólo se gana lo que se da. .. .Enseñad al que no sabe, despertad  al dormido, llamad a la puerta de todos los corazones, de todas las conciencias, y como tampoco es el hombre para la cultura, sino la cultura para el hombre, para todos los hombres, para cada hombre, de ningún modo un fardo ingenie para levantado en vilo por todos los hombres, de tal suerte que tan sólo el peso de la cultura, pueda repartirse entre todos, si mañana un vendaval de cinismo, de elementalidad humana, sacude el árbol de la cultura y se lleva algo más que sus hojas secas, no os asustéis. Los árboles demasiado frondosos necesitan perder algunas de sus ramas, en beneficio de sus frutos. Y a falta de una poda sabia y consciente, pudiera ser bueno el huracán.

Antonio Machado

16 julio de 1937

7 de febrero de 2017

UN SIGLO DE COMUNISMO (1917-2017)




Imagen: www.thefamouspeople
(1) El término comunismo, el vocablo en si, aparece en Francia hacia 1830 para definir a los seguidores de François Babeuf (1760-1797), político jacobino radicalizado que lideró la fracasada “Conspiración de los Iguales”, fue ejecutado poco antes de que Napoleón asumiera el poder en Francia.

El vocablo se difundió con rapidez por toda Europa. En Gran Bretaña lo introdujo John Barmby en 1841 al fundar la “London Communist Propaganda Society”.

El vocablo socialismo tiene sus primeras referencias entre 1833 y 1834 apareciendo simultáneamente en Francia y Gran Bretaña con similar campo semántico que el comunismo: oposición al egoísmo “individualista” y preocupación por la cuestión social en las ciudades industriales, pobreza extendida, trabajo infantil, hacinamiento insalubre, etc.

En su origen el comunismo denotaba un ideal moral: la búsqueda de la pacífica comunidad de vidas y haciendas supuestamente perdida por un progreso histórico repleto de injusticias. Poco después en 1848, de la mano del pensador alemán Karl Marx (1818-1883), pasó a definir una doctrina filosófica basada en el análisis de la economía capitalista y generadora de un programa de acción sociopolítica. Finalmente, a partir de 1917 y con el político ruso Vladimir Illich Ulianov, alias Lenin (1870-1924), identificó una práctica de gobierno del Estado de estructura monopartidista, orientado a la supresión de la propiedad privada y las clases sociales.

La doctrina moderna del comunismo, su segunda acepción semántica, está ligada a la vida y obra de Karl Marx, sobre todo al folleto El Manifiesto Comunista, publicado en Londres en 1848 por la llamada Liga Comunista. En el momento de su redacción, Marx ya había formulado las bases filosóficas de lo que denominó “concepción materialista de la historia” o “materialismo histórico”: la economía política era el fundamento de la sociedad sobre el que se elevaba su “superestructura jurídica y política” y las formas derivadas de “conciencia social”. A su juicio, el desarrollo del capitalismo industrial, promotor de la nueva polarización social entre burgueses (dueños del capital cada vez más ricos) y proletarios (obreros explotados cada vez más miseros), creaba las condiciones para la implantación de un modelo social sin clases mediante la anulación de la propiedad privada y la implantación  del mercado planificado por el Estado (fase socialista). La conocida consigna final del manifiesto ¡Proletarios de todos los países, uníos! era un llamamiento a la acción revolucionaria internacional de una clase definida en términos económicos.

La tercera y decisiva acepción del término “comunismo” lleva la impronta de Lenin, director de la toma insurreccional del poder durante la Revolución de octubre de 1917. La variante leninista del marxismo empezó a cuajar a principios del siglo XX. Las tesis de Lenin, marginales en el socialismo europeo, encontraron su oportunidad única después de que la Gran Guerra socavara la estabilidad del zarismo y de la propia sociedad rusa. El colapso imperial en febrero de 1917 generó una situación de "doble poder" en la que el Gobierno provisional de partidos burgueses disputaba la autoridad efectiva con nuevos organismos de representación municipal y comarcal (los soviets o juntas abiertas de obreros, campesinos y soldados). En ese contexto histórico, ante la perspectiva de un nuevo invierno de guerra y hambre, Lenin apostó por una insurrección militar para sustituir al vacilante Gobierno de Kerensky e instaurar "la dictadura del proletariado".

Aunque los bolcheviques eran pocos en Petrogrado (unos 15.000 militantes) y todavía menos en la inmensa Rusia (80.000 para 175 millones de habitantes), consiguió articular un programa que aunaba los deseos básicos de amplios sectores de población: paz (poner fin a la guerra con Alemania), pan (remediar la crisis de abastecimiento alimenticio) y tierra (dar a los campesinos las propiedades del zar, la nobleza y la iglesia ortodoxa). Y mediante la consigna ¡Todo el poder a los soviets! también ofreció una alternativa institucional que sustituyese a la desplomada Administración imperial.

El 25 de octubre de 1917 las milicias armadas bolcheviques tomaron el casi desguarnecido Palacio de Invierno de Petrogrado, el golpe triunfó con mínimas bajas, nueve gubernamentales y seis atacantes bolcheviques. Ya en el poder Lenin disolvió la recién elegida Asamblea Constituyente. De este modo, la toma del poder en octubre de 1917 inauguró una nueva fase en la historia de Rusia.

En 1922, con Lenin enfermo, Iósif Stalin fue consagrado secretario general del partido. En 1924 fallece Lenin, para entonces el edificio de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) ya estaba en vigor. La lucha por la sucesión de Lenin se establece entre Stalin y Trotsky, finalmente, en 1927, Stalin  se convierte en el líder carismático, en el nuevo“zar rojo”.

El modelo comunista soviético persistiría hasta su desplome en el bienio 1989-1991, tras vivir su edad de oro al compás de la victoria en la II Guerra Mundial y de los procesos de descolonización. No en vano, la primera permitió la imposición de su hegemonía sobre la Europa oriental liberada por el Ejército Rojo, mientras que lo segundo propició el surgimiento de nuevos regímenes hermanos en China (1949) y otros países asiáticos (Vietnam, Corea), africanos (Angola) o incluso americanos (Cuba). 


(1) Extractado de "Un siglo de comunismo: idea, doctrina y práctica", Autor: Enrique Moradielos. Profesor de Historia Contemporánea en la Universidad de Extremadura. publicado en tintaLibre. núm.: 44.(Febrero 2017) 

30 de enero de 2017

DONALD TRUMP, CAUDILLO DEL MUNDO



La verdad es que me da un poco de vergüenza escribir sobre Donald Trump si no fuera por lo que hoy representa, su figura me merece tanto interés como la de Idi Amin, es decir ninguno. Pero ahí está, democraticamente elegido para gobernar el mundo, si, el mundo.

Si Hitler utilizó la guerra relámpago para hacerse con los países europeos, Trump ha acudido a la técnica del estado de sitio, que lleva más tiempo pero al final tiene los mismos resultados prácticos, y al igual que el emigrante austriaco que hundió Europa se acercó a Stalin para firmar pactos Trump hace lo propio con Putin. Su plan de acción, ya anticipado durante el periodo electoral, no solo se va a cumplir, sino que me temo que va a ser aún más dramático... si le dejan.

No deja de resultar curioso que el presidente del país más rico del mundo vaya a poner en marcha planes económicos diseñados para países hundidos en la depresión, una especie de keynesianismo enloquecido, aliñado con un proteccionismo de muy difícil, por no decir imposible, aplicación en el mercado global que nos hemos (nos han) dado.

De nada le vale a Trump que estemos en el siglo XXI, todos los adelantos tecnológicos que disfrutamos (o padecemos) no le parecen suficientes para luchar contra la inmigración ilegal, que para él es la que simplemente no le parece adecuada, unas medidas que afectan también a los turistas ocasionales. Así las cosas, se propone construir un muro de 3.000 kilómetros de largo y altura discrecional para entorpecer la llegada de emigrantes a través de una de las dos únicas fronteras del país. Un hermano menor de la muralla que los chinos construyeron allá por el siglo V. antes de Cristo. Para que luego digan que la humanidad avanza.

Dicen los medios que el Caudillo Trump ha hablado en serio con sus generales, que les ha dado un mes de plazo para diseñar un plan que acabe definitivamente con el Daesh, el Isis o como le quieran llamar..., no se a ustedes pero a mi ese plan me da mucho miedo, del de verdad. Unamos a ello que quiere "legalizar" ciertos métodos de tortura y sin darnos cuenta nos acordaremos de la Gestapo nazi, si de esa misma Gestapo que "asesoró" a la policía franquista española desde 1938 hasta que los nazis se sentaron en el banquillo de Nuremberg. 

La homofobia, machismo, racismo y demás "virtudes" del personaje, son de tales magnitudes que impiden comprender como hay personas que le han votado, con Hitler pasa algo parecido.

Juntemos todo lo anterior en una coctelera, agitemos debidamente y obtendremos algo muy parecido a lo que se vivía en la Europa de la segunda mitad de los años 30' del siglo pasado. Una Europa en la que se respetaba a Hitler, se pactaba con él, se le permitía invadir países y ayudar al establecimiento de dictaduras, por ejemplo en España, ¿se acuerdan?. Casi todos, que no todos, sabemos lo que pasó después, en España y en Europa,  y lo malo de todo esto es que eso de que la historia se repite es algo más que un dicho.

De momento son muchos aquellos que denominan populismo al fenómeno Trump, a lo mejor lo hacen por que así se tranquilizan, a lo mejor lo hacen simplemente por que eso del "populismo" está de moda, lo que si está claro es que Trump es un déspota y que del despotismo al fascismo solo hay un paso, o quizás ninguno.

La única esperanza contra Trump es que el pueblo americano lo descabalgue de su particular Othar, de ese caballo con el que Atila hacia de las suyas, desde fuera nada se puede hacer. Afortunadamente los norteamericanos disponen del 'Impeachment', y según muchos analistas Trump ya ha dado motivos más que suficientes para ser sometido al proceso y destituido.



Benito Sacaluga.



19 de enero de 2017

LA LUZ OSCURA





No es de ahora, la comúnmente llamada factura de la luz siempre ha sido un palo para las economías familiares, incluso cuando solo utilizábamos la energía eléctrica para iluminarnos y oír la radio. Siempre costó trabajo pagar esa factura.  Lo bueno de entonces es que prácticamente pagabas lo que consumías. Desde que la fiebre liberal comenzó a privatizar las compañías eléctricas todo cambió. Hoy lo que pagamos por nuestro consumo eléctrico representa escasamente el 35% del importe total de la factura, el resto son añadidos. Nuestros gobiernos "controlan" el precio del Kw/hora consumido pero nos obsequian con una retahíla de impuestos y cánones, de los cuales no sabemos muy bien la razón por la que los debemos pagar.

Las autoridades, y los que no lo son, se afanan en explicarnos la factura, tal vez nos toman a todos por idiotas. Lo que no nos explican es la razón por la cual debemos pagar determinados platos rotos a causa de una gestión de la energía propia de aficionados o de ladrones. 

Peaje de acceso a potencia, Comercialización, Peaje de acceso a energía, Impuesto sobre electricidad, Alquiler de contadores y equipos de medida, Primas varias, etc... y por supuesto el IVA. Un IVA al tipo del 21%, al tipo máximo, que pagamos todos por igual, lo mismo da que se trate de una familia humilde con una potencia contratada mínima que de una multinacional. La familia apechuga sin más con el el gasto y el IVA, mientras que las sociedades se desgravan el gasto en electricidad y además recuperan el IVA. Cuestión intocable. Acabamos de oír al ministro de Industria y Energía, con la cartera recién estrenada, que la subida de la luz es positiva, ya que comporta un mayor ingreso de IVA para el Estado y que gracias a eso se pueden evitar más recortes en otros ámbitos. Para llorar, y digo para llorar una vez descartada la posibilidad de liarme a hostias con el nuevo ministro...y con los anteriores, que es lo que de verdad me pide el cuerpo.

Dado el cariz que está tomando el tema de la energía, y además la negativa a implantar masivamente energías renovables, limpias, baratas y de fuente perpetua (sol y viento), cada día se hace más necesario que todos reclamemos que el problema energético, su coste para las familias, se solucione de una vez por todas.

Nuestra legitima reclamación está amparada por la Constitución de forma clara y contundente en su Titulo VIII. Art.128/2:
"Se reconoce la iniciativa pública en la actividad económica. Mediante ley se podrá reservar al sector público recursos o servicios esenciales, especialmente en caso de monopolio y asimismo acordar la intervención de empresas cuando así lo exigiere el interés general"
Está claro, o debería estarlo, sectores vitales, de primera necesidad como la energía no deberían estar en manos privadas, sin embargo al reclamar como reclamo la nacionalización o intervención pura y dura de las eléctricas, muchos, quizás demasiados, me tildarán de rojo extremista o algo parecido. Este es uno de los problemas que tenemos en España, que a los que exigimos que se respeten nuestros derechos se nos clasifica como de muy peligrosos extremistas de la izquierda revolucionaria y a los que no lo hacen de patriotas. A los que palman o enferman a causa del frío ni siquiera se les considera de nada, al fin y al cabo menos pobres en las próximas votaciones.



Benito Sacaluga.




15 de enero de 2017

EL PSOE Y EL DESPOTISMO




Dos cosas nos quedarán del Comité celebrado ayer por el PSOE. Una que Patxi López va a presentarse como candidato a la SG del partido sabiendo que no va a salir elegido. La otra que José Blanco ha demostrado, a las claras y públicamente, que no merece pertenecer a un partido en el que se hace bandera de su democracia interna, y menos aún presidir un Comité Federal.

José Antonio Pérez Tapías intentó que se debatiera una propuesta de calendario, alternativo al que "proponía" la dirección provisional del partido para la celebración del Congreso. A las fechas propuestas por la dirección, 17 y 18 de junio, Pérez Tapias proponía que el Congreso tuviera lugar los días 8 y 9 de abril. José Blanco impidió que se votase la propuesta de Pérez Tapias, una propuesta, la de Pérez Tapias, que al parecer recogen los Estatuos del partido. El argumento de Blanco fue demoledor:
"...los Estatutos los interpreto yo porque los hice yo".

Bendita democracia interna la del PSOE, sus Estatutos los hace una sola persona y además ella es la única autorizada para interpretarlos. Sorpredentemente José Blanco sigue hoy perteneciendo al partido.

José Antonio Pérez Tapias, ha asegurado a través de su cuenta de Twitter que nunca más asistirá a un Comité Federal del PSOE dirigido por un "tipo" que, según él, zanja el debate así.

Ya no solo se impide que las bases hablen y voten, también se impide que lo hagan los miembros del Comité Federal cuya postura pueda incomodar a los todopoderosos barones, y a una Gestora que lo único que ha hecho desde que fue constituida, aparte de traicionar a todos los votantes del PSOE permitiendo que el PP gobierne, ha sido coordinar "intrigas palaciegas" para que una andaluza incapaz alcance la Secretaría General del Partido. 

Está claro, los presidentes de la Mesa del Comité Federal son elegidos en base a sus frustradas ansias de poder. Ya pasó a finales de septiembre pasado cuando la anterior presidenta, Verónica Pérez, dijo eso de :

“La única autoridad en el PSOE soy yo, les guste o no”

Vaya panorama. No me gustaría estar en la piel de la militancia del PSOE, si ya desde mi independencia me entristece la deriva que está tomando el partido, no me imagino lo que pueden estar pasando sus militantes.

Unamos a lo anterior las declaraciones de Corcuera, Leguina y cia, representantes auto-designados de una, más que vieja, obsoleta guardia, efectúan continuamente en la cadena de televisión de los obispos, y nos daremos perfecta cuenta de la deriva antidemocrática, incluso me atrevería a decir que antisocialista, que en cuestiones internas está sufriendo el PSOE.


Benito Sacaluga.











13 de enero de 2017

¡ VIVA LA REPÚBLICA !



Cinco días antes de que Alcalá Zamora presidiera  la sesión de apertura de las nuevas Cortes (8 de diciembre de 1933), tras las elecciones generales de noviembre, en las que la derecha se presentó coaligada y venció a una izquierda que se presentaba dividida (que raro), Ortega y Gasset publica en el diario El Sol un artículo titulado ¡ Viva la República!, en el que, ante el triunfo de la derecha anti-republicana, acentúa de forma clara y motivada la necesidad de un régimen republicano, por encima de cualquier otra consideración sobre lo acontecido desde 1931. A continuación reproduzco íntegramente dicho artículo.



¡VIVA LA REPÚBLICA!


Creo firmemente, ya lo he dicho antes, que estas elecciones contribuirán a la consolidación de la República. Pero andan por ahí gentes antirrepublicanas haciendo vagos gestos de triunfo o amenazas, y de otro lado, hay gentes republicanas que sinceramente juzgan la actual situación peligrosa para la República. Pues bien: suponiendo que con alguna verosimilitud sea esto último el caso presente, yo elijo la ocasión de este caso para gritar por vez primera, con las pedazos que me quedan de laringe: "¡Viva la República!".

No lo había gritado jamás: ni antes de triunfar ésta ni mucho menos después, entre otras razones porque yo grito muy pocas veces.


QUIÉN ES EL QUE GRITA

Pero como todo anda un poco confundido, y los españoles del día tenemos poca memoria, quiero recordar o hacer constar algunas cosas que hasta ahora he callado o no he querido subrayar. Desde el fondo de mi largo y amargo silencio, estrujándolo como un racimo lleno de jugo, quiero rememorar a mis lectores y a todos los españoles— porque tengo tanto derecho como cualquiera otro para dirigirme a ellos— quién es el ciudadano que ahora, precisamente ahora, grita: "¡Viva la República!".

El que grita se sintió en radical desacuerdo desde el día siguiente al advenimiento de la República con la interpretación de ésta y la política que iniciaban sus gobernantes. Yo no puedo demostrar con documentos la verdad literal de esta frase. Dejémosla, pues, como una frase y nada más. Pero lo que si puedo demostrar con documentos es que ya el 13 de mayo —por tanto, un mes justo de la proclamación del nuevo régimen— protesté airadamente, junto a Marañón y Pérez de Ayala, contra la quema de conventos, que fue una faena aun más que repugnante, estúpida. Esto el 13 de mayo; pero el 2 de junio publicaba yo un articulo titulado: "¡Pensar en grande!", invitando a tomar la República en forma y formato opuestos a los que empezaban a adoptarse. Y en 6 de junio, convocados a elección los ciudadanos, apareció otro artículo mío titulado: "¡Las provincias deben rebelarse contra los candidatos indeseables!". El 25 del mismo mes mi discurso electoral en León, donde, contra todo mi deseo, había sido presentado candidato, comenzaba así, según la transcripción algo incorrecta de los periódicos leoneses:

"¿Queréis, gentes de León, que hablemos un poco en serio de la España que hay que hacer? Con profunda vergüenza asisto a la campaña electoral que se está llevando a cabo en toda la Península, se trata, nada menos, que de unas elecciones constituyentes. Se moviliza civilmente el país para que elija a unos hombres que van a fabricar el nuevo Estado. Es un gigantesco edificio el que hay que construir, y no hay edificio si no hay en la cabeza un plano previo de líneas vigorosas. Lo que me parece vergonzoso es que los cientos de discursos pronunciados en España no anuncien una sola idea clara, que defina algo sobre ese Estado que hay que construir. Solo se han pronunciado palabras vanas y hueras prometiendo en palabrería  fantástica, sin saber que se puede o no realizar. Porque esto importa poco a esos palabreros, que sólo quieren hostigar a las masas con palabras vanas e insensatas para que, como un rebaño de ovejas, vayan a las urnas o, como un rebaño de búfalos, vayan a la revolución. Y a eso se le llama democracia."

Con esto llegamos al 13 de julio, es decir, aun no trascurridos los tres meses desde el 14 de abril. Pues bien: en esa fecha leyeron los lectores de "Crisol" otro artículo mío titulado "Hay que cambiar de signo a la República". Y en 9 de septiembre este otro: "Un aldabonazo". Y en 6 de diciembre pudo oírse en el "cine" de la Opera mi discurso sobre "Rectificación de la República". Y el 13 del mismo mes, en las primeras consultas del Presidente recién elegido, fue el que ahora da su grito el único que pidió la formación de un Gobierno sin colaboración socialista, que preveía funesta para la República y para el socialismo. No mucho después, en el periódico antedicho, se imprimieron unos párrafos bajo el lema: "Estos republicanos no son la República", etc, etc, etc...

Estos recuerdos precisarán un poco en la mente del lector la fisonomía del que ahora grita "¡Viva la República!", y le harán .pensar que, si lo grita, es a sabiendas y a pesar de lo que ha sido durante esta primera etapa la política republicana. Corregirán de paso un error que he oído más de una vez, según el cual yo consideraría haberme equivocado al recomendar en cierta hora a los españoles que se constituyesen en República, que había perdido la Ilusión, que juzgaba sin remedio la política republicana y demás suposiciones igualmente superficiales. Los datos ahora rememorados, con la impertinencia de sus fechas exactas, demuestran que no me fue necesario esperar a que los gobernantes republicanos de la primera hora comenzasen a desbarrar para saber que lo iban a hacer: que, de tal modo esperaba y presumía por anticipado su descarrío, que me adelanté a insinuar mi discrepancia, como me adelanté a echar en cara a las provincias que iban, por inconsciencia, a elegir diputados indeseables, como me situé, desde luego, y por innúmeras razones, en posición de no actuar durante el primer capítulo de la historia republicana, según hice constar desde mi primer discurso en la Cámara, que fue, entre paréntesis, el primer discurso de oposición a la política del Gobierno. 

Pero no me interesa de todo esto lo que signifique como demostración vanidosa de capacidad previsora. Lo que me interesa es refutar con esos hechos y con esos datos incontrovertibles el error en que están los que suponen que yo recomendé la instauración de la República porque creyese que, desde luego, iban a ir preciosamente las cosas. No sólo no lo creía, sino que —y éste es el motivo de las anteriores recordaciones— no acepto en persona que presuma de alguna seriedad que pretenda juzgar la posibilidades históricas de un régimen por lo acontecido en los dos años y medio después de su natividad. Y es sencillamente grotesco que intenten hacer tal cosa los monárquicos defensores de un régimen extranjero, que no durante dos años y medio, sino durante dos siglos y medio ha maltraído a España en desmedro, decadencia y envilecimiento lamentables y constantes, haciéndola llegar a esta República en un estado tal de desmoralización y de falta de aptitudes por parte de masas y minorías, que él ha sido, en definitiva, la causa de estos dos años y medio pesadillescos.

Porque si han sido tales para el labrador andaluz y para el cura de aldea , no crean estos señores que el que grita ahora "¡Viva la República!" los ha pasado en un lecho de rosas. Durante ellos se me ha insultado y vejado constantemente desde las filas republicanas, y, claro está, también desde las otras. Algunos sinvergüenzas, algunos insolentes y algunos sotaintelectuales que son lo uno y lo otro, y que hasta ahora, por lo que fuera, no se habían resuelto a atacarme, han aprovechado la  atmósfera envenenada de esos años para morderme los zancajos. Pero hay más: los hombres republicanos han conseguido que por vez primera después de un cuarto de siglo, no tuviera yo periódico afín en que escribir. Y esto no significaba sólo que me hubiesen quitado la vihuela para mi canción, sino que me planteaba por añadidura los problemas más tangibles, materiales y urgentes. ¿Me entiende el labrador andaluz ha quien han deshecho su hacienda y el cura de aldea ha quien han retirado su congrua?.

Pues con esto termina mi argumento "hominis ad homlnem". Este hombre es el que grita ahora: "¡Viva la República!".


POR QUE LO GRITA

¿Lo hará por misticismo republicano? Tampoco. En materia de política no admito misticismo, ni siquiera admito que se sea republicano, como suele decirse, "por principios". Siempre he sostenido qué en política no hay eso que se llama principios. Los principios son cosas para la Geometría. En política hay sólo circunstancias históricas, y éstas definen lo que hay que hacer. Yo sostuve hace tres años, y sostengo hoy con mayor brío, que la única posibilidad de que España se salve históricamente, se rehaga y triunfe es la República, porque sólo mediante ella pueden los españoles llegar a nacionalizarse, es decir, a sentirse una Nación. Y esto es cosa infinitamente más importante que las estupideces o desmanes cometidos por unos gobernantes durante la anécdota de un par de años. Ya a estas horas, en estas elecciones, aunque los electores, todavía torpes, envían al Parlamento gentes en buena parte tan indeseables como las anteriores, han sentido que actuaban sobre el cuerpo nacional, han despertado a la conciencia de que se trataba de su propio .destino.

Todavía no han votado por y para la nación, sino movidos reactivamente por intereses particulares, de orden material o de orden espiritual, la propiedad o la religión —para el caso da lo mismo, porque ambos intereses, aunque sean respetables, son particulares, no son la Nación—. Mas por ahí se empieza: es el aprendizaje de la política que termina descubriendo la Nación como el más auténtico, más concreto y más decisivo interés político, porque es el interés de todos.

Muchas veces, una de ellas en plena Dictadura, he afirmado que la República es el único régimen que automáticamente se corrige a si mismo, y en consecuencia, no tolera su propia falsificación. La República, o expresa una realidad nacional, o no puede vivir. La República es, quiérase o no, sinceridad histórica, y esa es la suprema fuerza a que puede llegar un pueblo. Cuando éste ha conquistado su propia sinceridad, cuando cobra esa radical conciencia de sí mismo, nada ni nadie se le puede poner enfrente. Las Monarquías, en cambio, fácilmente se convierten en máscaras que un pueblo se pone a si mismo, y no le dejan verse y sentirse y ser y a lo mejor bajó el antifaz remilgado de una Corte se van muriendo y pudriendo por dentro.

Esténse, pues, quedos los monárquicos. Tenemos profundo derecho —¡qué diablo, derecho!—, tenemos inexcusable obligación los españoles de hacer a fondo la experiencia, republicana. Y esta experiencia es larga como todo lo que posee dimensiones históricas. Tienen que pasar muchas cosas. Lo primero que tenía que pasar era que vomitasen las llamadas "izquierdas" todas las necedades que tenían en el vientre. Que esto haya acontecido es ya un avance y una ganancia, no es pura pérdida. Ahora pasará que van a practicar la misma operación con las suyas las llamadas "derechas".

Luego, España, si desde ahora la preparamos, tomará la vía ascendente; Como tenemos pues, la obligación de hacer esa gran experiencia, sépanlo, estamos resueltos a defender la República. Yo también. Sin desplantes ni aspavientos que detesto. Pero conste: yo también. Yo, que apenas cruzo la palabra con esos hombres que han gobernado estos años. algunos de los cuales me parecen no ya jabalíes, sino rinocerontes.

Pero ¿qué queríais, españoles? ¿Que hubiesen estado ahí esperando, armados de punta en blanco, hombres maravillosos para gobernaros? Pero ¿qué habíais hecho antes para tener esos hombres? ¿Creéis que esas cosas se regalan, que lograrlas no supone dolores, esfuerzos, angustias a los pueblos? Si queréis regalos, si queréis manteneros en vuestra concepción de la vida estrecha, interesada, sin altitud y sin arrestos, sin anchura de horizonte delante, sin afán de fuertes empresas, sin claridad de cabeza, tenéis que contentaros por los siglos de los siglos con elegir entre D. Marcelino Domingo y el señor Goicoechea.


LOS REPUBLICANOS QUE NO ERAN LA REPÚBLICA


Los hombres que han gobernado estos dos años y que querían para ellos solos la República, no eran en verdad republicanos, no tenían fe en la República. Como no me refiero a nadie en particular, no tengo por qué hacer las excepciones que la justicia "nominatim" reclamaría. Eran incapaces de comprender que las trasformaciones verdaderamente profundas y sustantivas de la vida española, las que pueden hacer de este pueblo caído un gran pueblo ejemplar, son las que el régimen republicano, como tal y sin más, produciría a la larga y automáticamente. Por eso necesitaban con perentoriedad otras cosas, además de la República, cosas livianas, espectaculares, superficiales y de una política ridículamente arcaica, como la expulsión de los jesuitas, la descrucifixión de las escuelas y demás cosas que por muchas razones y en muchos sentidos -conste, en muchos sentidos- han quedado ya bajo el nivel de lo propiamente político. Es decir, que no son siquiera cuestión.

Otras, que son más auténticas, y que, quiérase o no, habrá que hacer, como la reforma agraria, tenían que haber sido acometidas bajo un signo inverso, sin desplantes revolucionarios, bajo el signo riguroso de la más alta seriedad y competencia. Se ha visto que esos hombres, al encontrarse con el país en sus manos, no tenían la menor idea sobre lo que había que hacer con ese país. No habían pensado ni siquiera en la Constitución que iban a hacer, la cual, al fin y al cabo, es lo más fácil, por ser lo más abstracto de la política.


LA OPINIÓN PUBLICA Y SUS REPRESENTANTES DE AHORA


Ahora bien: exactamente lo mismo acontece a las fuerzas ahora triunfantes, como tendremos ocasión de ver en los meses próximos. ¿Es que en serio pueden presentarse ante los españoles, como gentes que saben lo que hay que hacer con España, los grupos supervivientes de la Dictadura que la han tenido siete años en sus manos sin dejar rastro de fecundidad y menos después de muerto el único de esos hombres que poseía alma cálida y buen sentido, que era el propio general Primo de Rivera?. Y con más vehemente evidencia hay que decir lo propio de los monárquicos.

Como todo esto es un poco absurdo, me es forzoso desde ahora repetir lo mismo que desde la iniciación de la República decía yo a sus gobernantes: que erraban si creían que los electores los habían votado a ellos. Tampoco ahora han votado a los candidatos triunfantes. Han votado sus propios dolores, sus irritaciones sus afanes, sus imprecisos deseos, pero no a los monárquicos, ni a los dictatoriales ni a la C.E.D.A, ni a la nebulosa de los agrarios. Los diputados de "derecha" representan hoy, sin duda, una gran porción de la opinión pública, como representaron todavía mayor volumen de ella los que comenzaron a gobernar en julio de 1931. Pero la opinión pública, como las palabras de la sibila, es siempre enigmática, y hay que saber interpretarla.


CONTRA TODAS LAS DEMAGOGIAS


Mi grito: "¡Viva la República!" no va, pues, dirigido a ninguna galería. Al contrario: yo lo lanzo hoy contra todas las galerías, contra todas las masas, contra todas las demagogias. Porque la propaganda de "derechas" ha sido tan demagógica, tan vergonzosa y tan envilecedora de las masas como aquella contra la cual protestaba yo en mi discurso de León. No basta tener razón, como la han tenido, en encresparse contra las violencias y la frivolidad de un Gobierno insensato. Es preciso, además, tener razón ante España, ante el decoro nacional, que reclama de todos nosotros desesperados esfuerzos para levantar el nivel moral de nuestra vida pública. Al frenesí del obrerismo va a suceder la exacerbación del señoritismo, la plaga más vieja y exclusiva de España.

Pero, repito, nada de esto que ha pasado y pasa es tiempo perdido e inútil desastre. Todo eso será necesario para que un número suficiente de españoles llegue al convencimiento de que es preciso empezar desde el principio, y, reuniéndose en grupo apretado como un puño, Iniciar una política absolutamente, limpia y sin anacronismos. La política del halago a las masas, a cualquier masa, está terminando en el mundo. El fascismo y el nacionalsocialismo son su última manifestación, y a la par, el tránsito a otro estilo de organización popular.

Hay que ir más allá de ellos y evitar a todo trance su imitación. Un pueblo que imita, que es incapaz de inventar su destino, es un pueblo vil. El mimetismo de rancias políticas francesas ha sido la "gran viltá" de las "izquierdas". Un pueblo que imita está condenado a perpetuo anacronismo. Tiene que esperar a que  los otros ensayen sus inventos, y cuando él quiere copiarlos ya ha pasado la hora de ellos.


LA AFIRMACIÓN DE LA MORAL Y DE LA NACIÓN


Cada pueblo renace hoy de afirmar lo que más falta le hacía; por eso tiene que descender, en profundo buceo de sinceridad, al sótano de sus angustias, de sus lacras y de sus defectos, y luego emerger de nuevo en un ansia gigantesca de corrección y perfeccionamiento. En España no ofrece duda qué es lo que más falta: moral. Es un pueblo desmoralizado en los dos sentidos de la palabra —el ético y el vital—. Sólo puede renacer de una política que comience por ser una moral, una moral exasperada, exigentísima, que reclame al hombre entero y lo sature, que arroje de él cuanto en él hay de encanallamiento, de vileza, de chabacanería, de chiste e incapacidad para las nobles empresas.

Porque es bien claro —basta mirar sobre las fronteras— que tampoco puede hoy la política fundarse en los intereses. Tendrá que contar con ellos, pero no fundarse en ellos. Esa política que hostiga y sirve a los intereses de grupos, de clases, de comarcas es precisamente lo que ha fracasado en el mundo. Uno tras otro, los intereses parciales —el capitalista, el obrerista, el militarista, el federalista — al apoderarse del Estado han abusado de él, y abuso con abuso han acabado por neutralizarse, dejando el campo franco a la afirmación de los valores morales en torno a la idea de Nación. ¿Serán los jóvenes españoles, no sólo los dedicados a profesiones liberales, sino los jóvenes empleados, los jóvenes obreros despiertos, capaces de sentir las enormes posibilidades que llevaría en si condensadas el hecho de que en medio de una Europa claudicante fuese el pueblo español el primero en afirmar radicalmente el Imperio de la moral en la política frente a todo utilitarismo y frente a todo maquiavelismo?

¿No seria ésa la empresa que para el pueblo español —el gran decaído y gran desmoralizado— estaba a la postré guardada? ¿De qué otra cosa podría renacer una raza pobre y de larga, larga experiencia, un pueblo viejo, y que cuando ha sido de verdad lo que ha sido, ha sido, sobre todo, digno? Hablando en serio, y en última lealtad, ¿qué otra cosa puede hacer el español si quiere de verdad hacer algo sino ser de verdad "honrado e hidalgo"?

Eso por lo pronto. Luego podría ser todo lo demás.



Diario El Sol

Madrid 3 diciembre 1933